Lobo en Iberia

Taxonomía y peculiaridades

La subespecie de lobo presente en la Península Ibérica fue descrita por Ángel Cabrera en 1907 como Canis lupus signatus por algunas características físicas (sobre todo manchas blancas en las mejillas y marcas en la parte fontal de las patas delanteras). Sin embargo, no todos los taxónomos reconocen la subespecie, e incluyen las poblaciones ibéricas en la subespecie nominal lupus. Al margen de merecer o no el estatus taxonómico de subespecie, la población ibérica presenta peculiaridades ecológicas, morfológicas, genéticas, e incluso etológicas, derivadas de su historia de interacción antagonista con el hombre.

Distribución histórica

Hasta el siglo XIX la especie se encontraba distribuida por la práctica totalidad de la Península Ibérica. Fue en el siglo XX cuando comenzó la regresión, que alcanzó su nivel mínimo en la década de los 70, cuando la población se redujo a un núcleo en el noroeste de la Península, apenas conectado con pequeños grupos en el centro y sur. A partir de ese momento se produce una recuperación parcial de la población y del área ocupada, causada fundamentalmente por la recuperación de las presas silvestres y por disminución de la persecución sistemática sufrida hasta entonces. La recuperación coincide además con la Ley de Caza de principios de los años setenta, que prohibió el uso del veneno bajo cualquier circunstancia (aunque aún hoy día su uso no esté erradicado).

Distribución actual y estimas poblacionales

Entre 1987 y 1988, por encargo del entonces Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), se llevó a cabo un estudio nacional para evaluar la distribución, la situación y la problemática del lobo en España.

El área de distribución de la especie se extendía por unos 100.000 km2, fundamentalmente en el cuadrante noroccidental del país (la mayor parte de Galicia, la porción meridional de Asturias y Cantabria, la mitad septentrional de Castilla y León y algunas zonas de La Rioja y el País Vasco). Además, en la mitad sur de España se localizaron dos núcleos residuales y aislados en Extremadura y Sierra Morena. La población española de lobos se estimó en 300 grupos familiares, hablándose entonces de unos 1.500 ejemplares antes de los partos, y de unos 2.000 a mediados del otoño. El 90% de la población española se concentraba en Castilla-León y Galicia. La población septentrional mostraba una tendencia positiva, mientras que la tendencia de los núcleos de la mitad sur era regresiva y fueron considerados en peligro de extinción.

Desde entonces, se viene produciendo una lenta expansión en zonas cerealistas de la meseta castellana, pero hoy día este proceso se ha ralentizado. En 2001 se estimaron en la Península Ibérica 254-322 grupos familiares (254 confirmados y 68 probables) distribuidos sobre 140.000 km2.

Las estimas del número de grupos parecen fiables, pero no es sencillo comparar los datos de finales de los 80 con los más recientes. Por ejemplo, en Castilla-León, se estimó la presencia de 158 grupos (125 detectados más 33 “posibles”) a principios de los años 90, y de 149 grupos (“107 seguros, 42 probables”) en 2001. La aplicación de criterios, procedimientos y esfuerzos de muestreo diferentes, y de grados de certeza variables a la hora de confirmar la existencia de grupos es la causa de estas dificultades. Así, por ejemplo, en 1990 se consideraba la existencia de grupos detectados y “posibles”, mientras que en 2001 se utilizaron los términos “seguro” y “probable”.

Por otro lado, es mucho más difícil conocer el tamaño real de la población (número de individuos) ya que este número puede variar, incluso dentro de un mismo año, de forma notable (antes y después de los partos). Parece pertinente, por tanto, estimar el tamaño de la población a través del tamaño de grupo en invierno, añadiendo en todo caso un porcentaje de individuos dispersantes.

Una estima más útil en biología de la conservación se basa en el concepto de “población efectiva”, que hace referencia al número de adultos que participan en la reproducción. Según esta aproximación, la población ibérica, incluyendo por tanto los núcleos de Portugal, estaría compuesta por ~750 adultos reproductores, dato estimado a partir del número de grupos conocidos. Discutir si esta población es “viable”, tanto demográfica como genéticamente, o si es incluso “funcional” (en cuanto a sus efectos y relaciones en el ecosistema), es un asunto mucho más complejo y relevante que el tamaño de la misma en un momento dado.

2 respuestas a Lobo en Iberia

  1. Paloma López de Guereñu dijo:

    Buenas tardes,

    He empezado a documentarme sobre el lobo ibérico y deseo hacer una consulta sobre una duda que me asaltó leyendo un artículo sobre los hábitos del lobo en general. Aquellos lobos descendientes de lobos alfa y beta de la manada que al cumplir los 2 años de edad deciden dispersarse ¿de qué manera ingresan en otra manada sin que supongan una amenaza?

    Gracias anticipadas,

    • sfk_ascel dijo:

      Hola,

      Tanto en líneas generales como en lobos en particular los dispersantes toman muchos riesgos, tanto por las dificultades inherentes de la vida solitaria para un animal tan social, como por la alta probabilidad de ser – como mínimo – rechazados por otros grupos. Sólo serán aceptados en principio en otro grupo familiar si este “los necesita”, hecho más probable en poblaciones explotadas, en las que los grupos pierden a menudo a los líderes.

      De hecho, la propia estructura social y la territorialidad de los lobos limita el tamaño de la población; adentrarse en el territorio de otro grupo familiar es una causa importante de mortalidad.

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