ASCEL ha presentado nuevos escritos ante las administraciones de Región de Murcia y Castilla-La Mancha para exigir el cumplimiento efectivo de la normativa de conservación del lobo (Canis lupus). En Castilla-La Mancha reclamamos la aprobación urgente del Plan de Recuperación, pendiente desde 1998 pese a la presencia confirmada de manadas. En Murcia, donde la especie…
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El 2025, año de la salida del lobo del LESRPE, un año infausto para la conservación del lobo ibérico y de la biodiversidad, condensado en 1 minuto
Para periodistas e interesados en el lobo
El lobo en los medios
Guía de estilo
Breve guía de conocimientos básicos sobre la especie. Destinada al público en general y a los profesionales de la información, como soporte a la hora de tratar noticias sobre lobos.
Pretende aportar información contrastable como alternativa a leyendas y exageraciones, contribuyendo así a aliviar la conflictividad social asociada a la presencia del lobo.
El lobo pertenece a la familia de los cánidos, mamíferos del orden Carnivora, por su alimentación basada en carne. A la misma familia pertenecen también los chacales, coyotes, licaones y zorros. Se caracterizan por presentar en general, hocico largo y fino y cuerpo esbelto.
Los primeros cánidos se originaron hace unos 50 millones de años en América del Norte donde estuvieron restringidos hasta finales del Mioceno. En ese periodo, se dispersaron fuera de América del Norte a través del estrecho de Bering.
¿Existe la subespecie Canis lupus signatus?
El origen de la diferenciación taxonómica del Canis lupus signatus se remonta al zoólogo Ángel Cabrera en 1914. Los últimos estudios de ADN, recomiendan hablar de poblaciones de lobos, en lugar de subespecies
Existen poblaciones de Canis lupuslupus, no subespecies
– «signatus» (marcado) se trataba de una «raza de lobos de gran tamaño, con el vientre blancuzco y un trazo blanco a través de la mejilla, desde la garganta, y además, por un carácter molar: cúspide anterior externa del molar primero superior derecho muy grande»
– Otra subespecie, Canis lupus deitanus, fue caracterizada a partir de únicamente dos ejemplares vivos en un zoo, y la diferenciación correspondía a que era «mucho más pequeño que Canis lupus signatus y con el vientre de color ante ocráceo en vez de blancuzco»
– El 50% de los perfiles genéticos presentes en la población histórica de lobos, se había perdido durante el último siglo
La «Ley de Alimañas» fue una normativa aprobada en España en 1953 que consideraba «dañinos» a ciertos animales, entre ellos el lobo, promoviendo activamente su exterminio a través de recompensas y la creación de «Juntas de extinción». Esta ley causó un gran impacto negativo en las poblaciones de estas especies. Fue derogada en 1966.
Tras la derogación de la Ley de Alimañas, el lobo fue considerado especie cinegética e incluído en las leyes de caza posteriores, como la de 1970 y 1989. A pesar de ser cazable, la consideración del lobo como especie cinegética comenzó a revertir la situación, ya que su muerte atendía a una regulación.
¿Cuál es estatus legal actual del lobo?
El lobo ha estado incluido en el Real Decreto 139/2011 como especie protegida («Listado» / LESRPE) en todo el territorio nacional desde el 22/09/2021 hasta el 03/04/2025, gracias a la acción administrativa y judicial de ASCEL que obligó al Ministerio de la Transición Ecológica.
– En la UE, el Convenio de Berna, ratificado por España y relativo a la Conservación de la Vida Silvestre y el Medio Natural de Europa, fue firmado en 1979 e incluye al lobo en el Anexo II («Especies de fauna estrictamente protegidas»)
– Los lobos al sur del Duero se incluyen en el Anexo II (“especies animales y vegetales de interés comunitario para cuya conservación es necesario designar zonas especiales de conservación”), y en el Anexo V (“especies animales y vegetales de interés comunitario que requieren una protección estricta”)
– Sin embargo, los lobos al norte del Duero se incluyen en el Anexo VI (“especies animales y vegetales de interés comunitario, cuya recogida en la naturaleza y cuya explotación pueden ser objeto de medidas de estión”)
El lobo es un mamífero del orden Orden Carnivora (Familia Canidae). Es un animal social y territorial que se estructura en grupos familiares formados por individuos emparentados entre sí. En la Península Ibérica, los grupos familiares de lobo tienen un tamaño medio de entre 3.4 – 4.2 adultos en invierno (Fernández-Gil et al., 2020 y Llaneza et al., 2023). En verano, los grupos familiares están compuestos por 3.1 – 3.9 adultos y subadultos, y 4.0 – 5.2 cachorros. Dentro de cada grupo familiar solo se reproduce un macho y una hembra (pareja reproductora), mientras que el resto de integrantes ayudan a la caza y crianza de los cachorros.
El lobo, como gran depredador, es una especia clave para la supervivencia a largo plazo de la biodiversidad de los ecosistemas que ocupan, por su capacidad de modificar las densidades y el comportamiento de las presas, así como por las interacciones indirectas con otras especies (por ejemplo, los carroñeros)
El depredador apical «apex predator»
El lobo es un depredador apical, lo que quiere decir que no tiene depredadores: su población se regula compitiendo por el espacio y por el alimento, así como mediante mecanismos intrínsecos del carnívoro, por ejemplo: que solo haya un par de adultos reproductores (pareja reproductora) dentro del grupo familiar. Por ello
No puede haber sobrepoblación de lobos
– Un adulto puede medir entre 100 y 120 cm desde el hocico hasta la base de la cola y pesar entre 30 y 50 kg; la altura a la cruz oscila entre 60 y 70 cm
– Cuenta con una potente mandíbula formada por 42 piezas dentales
– Pueden alcanzar velocidades punta de hasta 50 km/h
– Son capaces de saltar hasta 5 m en horizontal y nadar varios kilómetros
– Ocupan un territorio de tamaño muy variable, entre 75 y 2500 km2
Hasta el s. XIX, la especie se encontraba distribuida por la práctica totalidad de la Península Ibérica. A mediados del s. XIX se estimaba la presencia de 7.000-9.000 ejemplares distribuidos en aproximadamente por 440.000 km2 del territorio español.
En el s. XX comienza su regresión, que alcanzó su máxima expresión entre la década de los 50 y 70, cuando la población ocupó apenas 82.000 km2 (67% en España, 23% en Portugal), concentrándose en el noroeste de la Península Ibérica, con unos enclaves residuales en el centro y sur de España, de donde acabaron desapareciendo virtualmente en tiempos recientes.
A finales del s. XX se produce una lenta recuperación parcial de la población y del área ocupada, causada fundamentalmente por el aumento de las presas potenciales del lobo (especialmente ungulados salvajes), y por la disminución de la persecución sistemática (veneno, trampeo, caza, cobro de primas, etc.) por parte de los humanos.
¿Cómo conozco el estado de conservación del lobo?
No todos los individuos de una población son iguales, por lo que la mera cifra del número de lobos no sirve para saber si una especie es lo suficientemente numerosa como para garantizar su subsistencia. Para ello necesitamos conocer el tamaño de población efectiva, formada por aquellos individuos que contribuyen a la reproducción
El estado de conservación de lobo en España es desfavorable
– En 1987, cuando se realizó el “primer estudio nacional”, el lobo ocupaba la mayor parte de Galicia, el centro de Asturias y Cantabria, el norte de Castilla y León y algunas zonas de La Rioja y del País Vasco, extendiéndose por una superficie de unos 100.000 km2
– En ese año, la población española de lobos se estimó en 300 grupos familiares, hablándose entonces de unos 1.500 ejemplares antes de los partos
– Entre 2012 y 2014 se realizó el “segundo estudio nacional” de lobos en España, en el que se estimó la presencia de 297 grupos de lobos distribuidos por 91.620 km2
– La estima más importante en biología de la conservación se basa en el concepto de «población efectiva», que hace referencia al número de adultos que participan en la reproducción
– La población efectiva es una aproximación al «tamaño de población efectiva«, que determina el potencial evolutivo de una especie y la capacidad de adaptación que le permita sobreponerse a cambios ambientales
1. Por su derecho intrínseco a existir. La vida salvaje debe ser conservada sin necesidad de tener en consideración ninguna utilidad ni función para el ser humano.
2. Por sus servicios ecosistémicos. Su presencia mantiene la buena salud del ecosistema, al regular y sanear la población de herbívoros, previniendo plagas y enfermedades como la reciente peste porcina, favoreciendo la riqueza y diversidad botánica.
3. Es público. El lobo, como toda la naturaleza salvaje, es de todos, no solo los que actualmente habitamos la Tierra, sino también de los que la habitarán en el futuro. Nuestro deber es conservar lo público, que siempre está por encima de lo privado.
4. Su valor cultural. El lobo es, muy probablemente, la especie que mayor trascendecia tiene en el acervo histórico-cultural de prácticamente todas las culturas del mundo.
5. Es evolutivamente fundamental. Desde las sociedades cazadoras-recolectoras, el ser humano actual ha convivido con el lobo y colaborado con él, dando lugar a uno de los eventos de domesticación más importantes de la historia de la humanidad: la del lobo a perro.
No. No hay ni puede haber sobrepoblación de lobos. El lobo es un depredador apical, no tiene depredadores naturales por lo que su población se regula por la disponibilidad de alimento y de hábitat (espacio). Es decir, los grupos familiares de lobos compiten entre sí por el territorio y el alimento, y la escasez de cualquiera de estos limitará el crecimiento de la población. Además, no se suelen contabilizar las muertes por atropellos, furtivismo, caza, o causas naturales.
¿Acaban los lobos con los ungulados silvestres?
No. La existencia de carnívoros como el lobo, genera paradigmáticamente efectos positivos sobre sus presas. Su depredación consiste en emplear la mínima energía para conseguir alimento, por lo que centra su atención en carroña o en los animales más vulnerables y con peor condición física. Así, atacarán con prioridad a presas enfermas, de avanza edad o con problemas genéticos que los haga una presa fácil.
¿Atacan los lobos al ser humano?
No. La enorme dificultad que conlleva el simple hecho de ver lobos evidencia que el lobo evita a toda costa su contacto con humanos. Sin el rastreo exhaustivo y con conocimiento, es tremendamente difícil encontrarse con lobos, como se evidencia en la dificultad, incluso por parte de cazadores, de encontrarlos.
Si aún con todo tiene lugar un encuentro entre humanos y lobos, este siempre termina con la huída de estos. Baste consultar en la hemeroteca el historial de ataques de lobos a humanos, que es nulo.
¿Se hacen sueltas de lobos?
No. Se trata de un mito. Los lobos tienen una gran capacidad de dispersión, pudiendo alejarse cientos de kilómetros desde su lugar de nacimiento. La recolonización de áreas donde no se registraba presencia es consecuencia de la competición por el territorio que obliga a la dispersión.
¿Son los lobos los responsables del declive de la ganadería?
No. Las pérdidas causadas por el lobo afectan a menos del 1% del ganado que en España pasta libremente en el campo. Sólo las enfermedades y la muerte natural del ganado generan pérdidas económicas muchísimo más elevadas, incluso campañas de saneamiento oficiales suponen pérdidas extraordinariamente superior. A esto hay que añadir las falsas muertes atribuidas al lobo que pueden ser cometidas por perros u otros animales.
¿Es compatible la ganadería con el lobo?
Sin duda. Las evidencias científicas ponen de manifiesto que en largas áreas con densidades significativas de lobo en las cuales la especie no ha desaparecido nunca la cultura de prevención de ataques y de manejo del ganado perpetúa no se notifica apenas confliicto con la ganadería. Existen diferentes medidas de protección del ganado de eficacia demostrada: pastores, perros guardianes, vallados, pastores eléctricos, recogida nocturna en rediles, etc. La prevención es clave para evitar daños. Sin embargo, lo común es que las administraciones dediquen recursos mínimos a la protección, dando prioridad a los controles letales, demostradamente ineficientes para la protección del ganado.
¿Cazar lobos reduce los ataques?
No. La evidencia científica muestra que matar lobos no reduce los ataques al ganado ni tan siquiera puntualmente, sino todo lo contrario: se ha demostrado que incrementa posteriormente el número de ataques al ganado. Los lobos se organizan socialmente en estructuras jerárquicas, por lo que la muerte indiscriminada de inviduos provoca una desestructuración de las manadas, forzando así a los individuos más jóvenes a alimentarse de presas fáciles (como el ganado sin pastorear y desprotegido). El conflicto seguirá latente mientras los rebaños sigan desprotegidos.
Por otra parte, muchos de los daños atribuidos a lobos son causados por perros asilvestrados por abandono, por lo que no sólo no estamos solucionando el conflicto sino que lo estamos incrementando, pues los lobos pueden mantener a raya el número de perros asilvestrados.
¿Atacan los perros al ganado?
Sí. Los perros asilvestrados, errantes y también domésticos atacan al ganado frecuentemente y suponen pérdidas muy importantes. En el Reino Unido, donde no hay lobos, los perros matan 30.000 ovejas y entre 5.000 y 10.000 corderos todos los años lo que supone un daño cuantificado en 2,5 millones de euros anuales.
Los lobos temen al hombre y procuran no acercarse a el si disponen de presas silvestres. Los perros, generalmente, no. Por ello muchos de los daños atribuidos a lobos son producidos por perros. La falta de análisis genéticos en los casos de ataque a ganado hace que se atribuyan a lobos daños que son de perros.
Hasta el 5% de estas reses en extensivo (que pastan libre en el monte durante parte o todo el año) habitualmente vacas y caballos, mueren en el campo de enfermedades, parásitos, inclemencias meteorológicas, etc. Una vez muertas pueden ser carroñeadas por lobos, perros y otras especies, dando lugar a confusión sobre la causa de su muerte. Estas pérdidas no pueden ser atribuidas a los lobos o a los perros, pero en ocasiones se culpa a los lobos bien por desconocimiento, bien con la intención de cobrar indemnizaciones (fraude).
Por otra parte, muchos de los daños atribuidos a lobos son causados por perros asilvestrados por abandono, por lo que no sólo no estamos solucionando el conflicto sino que lo estamos incrementando, pues los lobos pueden mantener a raya el número de perros asilvestrados.