Los odiosos 250

Por Alberto Fernández Gil
Abril de 2016

La ministra Tejerina, digna sucesora de Arias Cañete en el ministerio de la cosa ambiental, nos obsequiaba estos días con una re-edición de la rancia reclamación de que los lobos puedan ser objeto de caza al sur del Duero (noticia en el diario.es). La novedad es que esta vez parece que va a dirigirse a Europa acompañada de argumentos, supuestamente contenidos en un informe elaborado por su ministerio (MAGRAMA 2016). A saber, los lobos han aumentado en España de 250 grupos a 297 en los últimos años, y a su juicio esto justificaría que los cazadores puedan destriparlos alegremente también al Sur del Duero (además de al Norte, como ya ocurre).

Es decir, según los argumentos de la titular del ministerio, tenemos dos cifras que parecen justificar su cansina reclamación. Si dichas cifras son resultados u otra cosa, es lo que pretende desentrañar esta entrada.

En España se han llevado a cabo hasta el momento dos “censos nacionales” de lobos; uno en 1986-1988, promovido, coordinado y financiado por el ministerio, y otro en 2012-2014, también promovido y coordinado por el ministerio. Es decir, entre la conclusión de ambos censos nacionales han pasado 26 años. Utilizo el entrecomillado en “censos nacionales” porque, sin entrar a valorar lo que significa censo en el caso de los lobos (y de los vertebrados en general), sí son los únicos que se denominaron formalmente “censos nacionales”, y se llevaron a cabo en todo el ámbito nacional en un espacio breve de tiempo (dos años en cada caso). Se empleó una metodología común para todas las comunidades autónomas en el censo de los años 80, y de igual manera en el caso del más reciente, aunque los métodos de aquél y de este último difieren; quizás tanto como para que los resultados no sean comparables entre ambos, aunque esa es otra historia.

Los resultados, e incluso los datos del censo de 1986-1988, fueron difundidos por el ministerio como informes inmediatamente después del trabajo, así como en una publicación editada por el propio ministerio (Blanco et al. 1990). Incluso dieron pie a una publicación científica (Blanco et al. 1992). Los resultados del censo nacional de 1986-1988 arrojaron un total de 294 grupos en 100.000 km² en toda España.

El censo de 2012-2014 ha sido dado a conocer recientemente por el ministerio en un breve informe (MAGRAMA 2016), que cuenta a su vez con enlaces a informes de 2 de las 9 regiones que aportan resultados. No hay pistas sobre los informes ausentes de las siete restantes, aunque el ministerio aconseja visitar sus páginas web para otra información de interés sobre la especie (sic). Este informe arroja unos resultados de 297 manadas en España, y una nota de prensa del Grupo de Trabajo del Lobo, con la participación del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y de las CCAA con presencia de la especie (aunque no en el informe) habla de una distribución de 91.620 km², un 18,3 % de la superficie de España.

Es decir, ambos censos nacionales dan unos resultados casi idénticos en el número de grupos (o “manadas” como se denominan ahora) y una superficie del área de distribución similar (algo menor la actual) aunque ha habido algunos cambios en la distribución: desaparición de la especie como reproductora de Extremadura y Andalucía, re-aparición en Madrid y Castilla-La Mancha, y algunos cambios de contracción y expansión en Castilla y León. Sin embargo, el informe reciente del ministerio tiene una perla refulgente, que es la que me interesa. Dice textualmente: “En 2007, en el Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España (aunque empleó distinta metodología), el inventario fue de 250 manadas”.

Pero ¿no decía antes que sólo ha habido dos censos nacionales, y que el único anterior, de 1986-1988 hablaba de 294 grupos? ¿Estoy equivocado? ¿Cuál es ese “inventario” del que habla el informe del ministerio?

La entrada de la RAE sobre inventario recoge dos definiciones:

1. m. Asiento de los bienes y demás cosas pertenecientes a una persona o comunidad, hecho con orden y precisión; 2. m. Papel o documento en que consta el inventario. Por su parte, el Diccionario de Espasa-Calpe de 2005 recoge como sinónimos de inventario: registro, balance, descripción, lista, relación, taxonomía, serie; y como sinónimos de inventariar: catalogar, registrar, relacionar, enumerar

En la fuente que cita el ministerio para referirse al “inventario”, la ficha de Canis lupus en el Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España (Blanco et al. 2007), decía textualmente que “en la actualidad, se estima que hay unas 250 manadas [en España]”, y en el apartado de tendencia se refiere al censo nacional de finales de los años 80 (Blanco et al. 1990) y sólo a dos censos regionales, recientes en aquel momento, uno en Castilla y León en 2001 y otro en Asturias en 2004, aparte de algunas citas a trabajos en Sierra Morena, Guadalajara y Soria que difícilmente pueden considerarse censos, o inventarios. No hay ninguna referencia a supuestos censos o inventarios de Galicia, Cantabria, La Rioja, País Vasco, ni de otras comunidades autónomas. Por cierto, en cuanto al área de distribución, la ficha decía que “en España ocupa un área continua en el cuadrante noroccidental de unos 120.000 km²”.

Es decir, reconociendo el valor de lo contenido en el Atlas y Libro Rojo de 2007, las 250 manadas estimadas no se referían a censo o inventario alguno, y mucho menos nacional (ni creo que los autores de la ficha del lobo lo pretendieran), sino a una “estima de unas 250 manadas”, con el valor y las cautelas que eso supone.

Es definitiva, el supuesto “resultado” de 250 que aporta el ministerio en su informe de 2016 no proviene de inventario alguno, y mucho menos entendido como sinónimo de censo.

No me parece extraño que Tejerina no conozca los resultados del censo de 1986-1988 (aunque debería), pero sí me parece muy extraño que el informe del ministerio no mencione los resultados del censo que promovió en los años 80, y sí mencione sin embargo ese “resultado” de los 250 provenientes de un supuesto inventario.

¿Por qué han usado un resultado fantasma, en el sentido de que no existen datos de un censo –o inventario- que los apoye? ¿Por qué no han usado los resultados de los dos únicos censos nacionales que existen? ¿Por qué han usado esos odiosos 250 para dar a entender una tendencia, aunque sea de forma implícita? (según la noticia enlazada arriba, la ministra así lo ha entendido: “Tejerina sí ha podido echar mano ahora del último recuento de lobos publicado por su departamento para afirmar que “ha aumentado en población y superficie ocupada”).

Estoy convencido de que no es un caso de manipulación, ni tampoco de corrupción, entendida como un mal uso del poder para conseguir una ventaja ilegítima. Aunque reconozco que lo parece.

Quizá es simplemente la legendaria afición hispana a los festejos que cuentan con animales destripados, o quizá el incontenible deseo de convertir el subjuntivo en indicativo (lo que venimos conociendo como propaganda, siendo benévolos, aunque suena más a manipulación), aunque sea a costa de no-datos o de odiosos resultados. Y parece que todo vale para justificar matar lobos, ese incontinente ímpetu del que hacen gala los últimos responsables del ministerio de la cosa ambiental, y no pocos consejeros y consejeras regionales, con Castilla y León, Asturias, Cantabria y País Vasco a la cabeza. Si la incontinencia es pasajera o va a durar, lo veremos. A mí me parece que dura ya demasiado, que empieza a ser insoportable.

Referencias
– Blanco JC, Cuesta L & Reig S (eds.) (1990). El lobo (Canis lupus) en España. Situación, problemática y apuntes sobre su ecología. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación­-ICONA, Madrid, 118 pp.
– Blanco JC, Cuesta L. & Reig S. (1992). Distribution, status and conservation problems of the wolf Canis lupus in Spain. Biological Conservation, 60: 73-80.
– Blanco JC, Sáenz de Buruaga M & Llaneza L. (2007). Canis lupus Linnaeus 1758. Ficha Libro Rojo. Pp: 275-276. In: LJ Palomo, J Gisbert y JC Blanco (eds). Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España. Dirección General para la Biodiversidad, Ministerio de Medio Ambiente-SECEM-SECEMU, Madrid. [http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/ieet_mami_canis_lupus_tcm7-22022.pdf]
– Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) (2016). Censo 2012-2014 de Lobo Ibérico (Canis lupus, Linnaeus, 1758) en España. Secretaría de Estado de Medio Ambiente. [http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/censo_lobo_espana_2012_14_tcm7-414048.pdf]

Por matar unos lobos…

Por Mario Quevedo de Anta
Biología de Organismos y Sistemas – Ecología, Universidad de Oviedo
Campus del Cristo, 33006 Oviedo
quevedomario [at] uniovi.es

No pasa nada. O eso toca oír y leer de vez en cuando.

Y el caso es que no es posible sostener tal afirmación. No al menos en las cercanías de la Biología, ciencia que estudia los seres vivos. Sin embargo, no es difícil encontrar declaraciones equivalentes a cargo de biólogos nacionales y extranjeros[1] (incluyo ahí a responsables públicos que debieran estar asesorados por biólogos), casi siempre en relación directa con las también habituales políticas de “control de poblaciones”. Puede que la afirmación tenga su origen fuera de los límites de la ciencia, al calor de culturas y religiones antropocéntricas. Pero examinar cultura, religión o sociología queda en manos de especialistas en esas disciplinas; aquí me quedo con la parte biológica[2].

En biología la afirmación no tiene sentido, digo. Para sostener que no pasa nada por matar un animal, necesitamos que se cumplan al menos dos premisas: 1) que haya suficientes animales en la misma población; y 2) que esos individuos sean equivalentes.

De 1) se ocupa el concepto de población mínima viable: el número de individuos de una especie que interaccionan entre sí con más frecuencia que con otros, y cuya probabilidad de extinción sin incluir causas externas es muy baja (e.g. menos del 5% en 50 años). Es un concepto clásico en biología de la conservación, y conjuga al menos demografía y genética [3]. Es también un concepto polémico, no por su validez general, pero sí por la capacidad real de fijar umbrales genéricos de viabilidad.

El punto 2)  es menos famoso. Tratamos muchas veces las poblaciones de animales y plantas como cajas negras, por simplificar, asumiendo que no existen diferencias entre los individuos que las forman. No obstante, los biólogos sabemos – debemos saber – que los individuos de una población no son iguales. No necesariamente aportan lo mismo a la población, ni interaccionan de la misma forma con el resto de la comunidad ecológica. Es intuitivo: piensa en tu población, y si te da igual coincidir con un vecino u otro; si todos los individuos del pueblo realizan las mismas tareas, si todas las niñas cogen el mismo número de catarros, o si son igual de hábiles pintando.

Las poblaciones de animales no humanos también están compuestas por individuos no equivalentes[4]. Hay machos, hembras, adultos, juveniles, ancianos, más fuertes, más débiles, expertos, inexpertos; hay individuos con comportamientos y temperamentos muy distintos. Los lobos no son una excepción. Al contrario, son una especie particularmente social: viven en grupos familiares[5] en los que conviven individuos de distintas generaciones, y en los que existe división de funciones; cooperan para sacar adelante las camadas y para obtener alimento, y enseñan a las crías habilidades adquiridas de caza y supervivencia[6].

ARKive photo - Grey wolves fur colour variation
La variación en la coloración, especialmente marcada en algunas poblaciones, es sólo una de las múltiples posibilidades de diferenciación individual.

Dado que los individuos son distintos, sí pasa algo por matar unos lobos. Por un lado, no todos los componentes de la población son igual de vulnerables; por otro, matando unos se eliminan características genéticas y etológicas presentes o disponibles en la población, modificando por tanto la misma[7,8]. Imagina un grupo familiar constituido, al final del verano, por la hembra y el macho reproductores (los célebres alfas), un adulto de tres años, ya experimentado, un par de subadultos de un año (de tamaño idéntico a los adultos pero inexpertos), y 5 cachorros nacidos en primavera. Imagina ahora que en un control de población, de los del no pasa nada, se matan 3 (no te resultará difícil en estos tiempos y geografías). ¿Da igual qué individuos mueren? ¿Cazará el grupo las mismas presas, en el mismo sitio, con igual eficiencia, si muere alguno de los individuos experimentados? ¿Podrá defender y mantener su territorio frente a grupos vecinos? Esas son sólo algunas preguntas a contestar antes de emitir un no pasa nada, antes de restar importancia biológica al eufemismo control letal.

Y el caso es que los lobos no son una especie poco conocida, ni mucho menos. Es perfectamente posible, obligatorio para profesionales, encontrar respuestas debidamente publicadas a muchas preguntas. Algunas de esas respuestas no serán definitivas; otras deberán extrapolarse con cautela de una zona de estudio a otra (sí, ya sé que Denali no es Picos de Europa, y que en el Viejo Mundo tenemos muchas complicaciones…), pero son en cualquier caso las fuentes correctas en Biología hasta que nueva información científica las modifique, reafirme o generalice.

No es mi intención hacer aquí una revisión bibliográfica, sólo mostrar algunos ejemplos, tanto clásicos como muy recientes[9], de lo que sí se sabe:

Matar lobos fractura la estructura social de los grupos familiares, y no conlleva necesariamente que haya menos individuos en la población a medio plazo, o una reducción del impacto de la predación. La fractura social es especialmente acusada si se eliminan los individuos reproductores; la pérdida de los líderes implica frecuentemente la disolución del grupo familiar, y puede dar lugar a tasas de reproducción más altas en los grupos resultantes[10]. La ruptura social sistemática da lugar a grupos familiares más pequeños, que pueden además presentar tasas de predación superiores a las de grupos más grandes y estables; eso implicaría más presas abatidas pero menor proporción consumida de cada una[11].

¿Cómo es posible entonces que profesionales de la investigación, docencia o gestión de fauna sostengan que no pasa nada, o alguna variación equivalente?

Se me ocurren varias explicaciones, seguro que hay más. Prefiero pensar que la más frecuente será el descuido, incluyendo en el cóctel antropocentrismo y algo de desdén por la especie (pero sí, ahí me salgo de mi campo). Es posible también que no debamos interpretar ese no pasa nada en sentido estricto, sino entender que esos biólogos sólo pretenden informarnos de que matar unos cuantos individuos no implica borrar del mapa una población, ni mucho menos la extinción de la especie. O incluso pretendan quizá divulgar que por matar unos cuantos individuos no necesariamente disminuirá la densidad de población.

Bien está saberlo.

No obstante, estaría bien dejar de escatimar precisiones, y adjuntar las referencias oportunas que sostengan las afirmaciones. Convendría trasladar al público no especialista que el estatus de conservación de una población no es binario, tipo yin-yang, blanco-negro, extinto-extante[12]. Y la densidad de población no es – ni mucho menos – lo único importante en biología[13].

La Biología es una ciencia, y los biólogos somos profesionales. Creo que es mejor dejar el tono descuidado y el paternalismo para otros foros, en los que no arrastremos la profesión. Y escribo esto último en primera persona. A fin de que la profesión no se resienta, haciéndonos prescindibles, es recomendable también separar explícitamente el conocimiento científico de la opinión personal. No digo que sea siempre fácil, pero lo fácil en biología se hizo 200 años atrás, y no lo era entonces.

Notas y referencias
[1] En Norteamérica encontramos todo el rango de estatus de conservación de lobos, desde grupos poco afectados por mortalidad no natural hasta trampeo y exterminio; también llegan de allí ejemplos célebres de los efectos de los grupos de presión sobre las agencias medioambientales y los biólogos aledaños. Un par de ejemplos: Capps K. 1994. The Passion and Politics of Killing Wolves. Alaska, The Magazine Of Life on the Last Frontier, August 1994; Chadwick 2010, Wolf Wars. National Geographic, March 2010.
[2] Existen otros campos o vías de análisis. Una especialmente relevante sería la ética. En ningún caso pretendo desmerecerlas aquí.
[3] Shaffer ML. 1981. Bioscience 31, DOI 10.2307/1308256; Frankham R et al. 2014. Biological Conservation 170, DOI 10.1016/j.biocon.2013.12.036
[4] Bolnick DI et al. American Naturalist 161, DOI 10.1086/343878. Pueden existir excepciones, especialmente en invertebrados, en los que la reproducción asexual produzca descendientes virtualmente equivalentes. No es el caso en aves y mamíferos.
[5] El término manadas es impreciso, y ha sido criticado por tendencioso: Haber GC & Holleman M. 2013. University of Alaska Press [http://www.worldcat.org/oclc/833575121]
[6] Mech LD & Boitani L (Eds). 2003. University of Chicago Press [http://www.worldcat.org/oclc/51810720]
[7] La diversidad genética de una población implica más de lo que observamos en los fenotipos en un momento dado; implica también características no expresadas, pero disponibles ante cambios ambientales.
[8] Biro PA & Dingemanse NJ 2009. Trends in Ecology & Evolution 24, DOI 10.1016/j.tree.2008.11.001; Biro PA & Post JR 2008. PNAS 105, DOI 10.1016/10.1073/pnas.0708159105
[9] Lo más reciente en publicaciones científicas no implica necesariamente sorpresas o nuevos conocimientos, sino a menudo documentar mejor, con más datos, aquellos ya existentes.
[10] Haber GC 1996. Conservation Biology 10, DOI 10.1046/j.1523-1739.1996.10041068.x; Peterson RO et al. 1984. Wildlife Monographs 88; Borg BL et al. 2014. Journal of Animal Ecology DOI 10.1111/1365-2656.12256
[11] Vucetich JA et al. 2012. Behavioral Ecology and Sociobiology 66, DOI http://dx.doi.org/10.1007/s00265-011-1277-0; Zimmermann et al. 2014. Journal of Animal Ecology, DOI 10.1111/1365-2656.12280
[12] Extante sería antónimo de extinto; al parecer no ha llegado al español, y sería útil. Es habitual en inglés biológico (extant), y existe en francés y portugués.
[13] Räikkönen et al. 2013. PLoS ONE 8:e67218, DOI 10.1371/journal.pone.0067218

Reflexiones sobre los criterios utilizados en Asturias para establecer el número de lobos a sacrificar

Un análisis del Programa Anual de Control de la Población de Lobos 2014-2015

Por Javier Naves Cienfuegos
Estación Biológica de Doñana (CSIC)
Av. Américo Vespucio s/n, Isla La Cartuja, E-41092 Sevilla
jnaves [at] ebd.csic.es

A las razones que generalmente se esgrimen para cazar y sacrificar animales [vertebrados] salvajes (ocio y deporte, eliminación de plagas y competidores, reestablecer equilibrios ecológicos, ejercicio de la tradición, etc.) se añaden, en el caso de las poblaciones de lobos en España, otras que tiene que ver con la conflictividad social. De esta manera, términos como niveles de conflictividad, criterios sociales de gestión, capacidad social de acogida, grados de tolerancia, y otros similares, salpican los documentos técnicos y legales que enmarcan la gestión de la especie en nuestro país [1].

En Asturias, donde el lobo no es considerado especie cinegética, el Decreto 155/2002 que aprueba el Plan de Gestión del Lobo en el Principado, señala la obligación de realizar programas anuales de actuaciones de control, en los que se definan las zonas, los métodos y los cupos de eliminación y extracción de lobos (esto es, cuántos matar o camadas retirar, cómo y dónde) teniendo en cuenta tres criterios: a) los datos poblacionales de lobos, b) la predación sobre ganado atribuida a la especie, y c) la evaluación del grado de conflictividad social existente. El caso asturiano ofrece, por tanto, la posibilidad de entender que es la conflictividad social –o cómo la interpreta la administración con competencias en la gestión en este caso- a la luz de su papel dentro del conjunto de criterios señalados.

Utilizo como material de estudio, como ejemplo, el último Programa anual de control de la población de lobos (2014-2015) elaborado por el Gobierno del Principado de Asturias.

En dicho documento la administración asturiana determina 7 áreas para la gestión de los lobos, más una octava denominada “Áreas sin gestión específica” (Figura 1), y establece el número total previsto de lobos a sacrificar o extraer en cada zona en un año.

Figura 1. Zonas de gestión consideradas en el Programa Anual 2014-2015 para evaluar la demografía de la población de lobos, la predación sobre ganado atribuida a la especie,  y la conflictividad social existente; criterios todos ellos utilizados a la hora de decidir el número de lobos a eliminar o extraer en dichas zonas.
Figura 1. Zonas de gestión consideradas en el Programa Anual 2014-2015 para evaluar la demografía de la población de lobos, la predación sobre ganado atribuida a la especie, y la conflictividad social existente; criterios todos ellos utilizados a la hora de decidir el número de lobos a eliminar o extraer en dichas zonas.

El citado plan de control aporta datos sobre los dos primeros criterios considerados en el Plan de Gestión del Lobo para establecer cupos de lobos a sacrificar (predación sobre ganado, población de lobos), y hace consideraciones genéricas sobre el tercero (conflicto social), sin aportar ninguna observación o detalle de cómo se define el criterio de conflictividad, ni de sus posibles valores.

El planteamiento metodológico de este pequeño ejercicio que propongo es simple: si de la “ecuación” con tres variables que van a justificar la muerte de un número determinado de lobos, conocemos los datos de dos de ellas (predación sobre ganado y población de lobos), podremos cuantificar la desconocida (el grado de conflictividad) una vez despejada. En la Tabla 1 aporto los datos utilizados para el análisis, extraídos del mencionado documento [2].

tabla1
Tabla 1. Datos utilizados en este trabajo. Fuente: Programa anual de control de la población de lobos 2014-2015 y elaboración propia [2].
(i) Se utilizan el número total de grupos (37 seguros y 2 probables) y el número de grupos reproductores, 29, dados en el documento.
(ii) He considerado que una camada – c – equivale a 4 ejemplares, un grupo reproductor equivale a 6 ejemplares; un grupo no reproductor equivale a 2.
He llevado a cabo análisis de regresión donde la variable a que queremos explicar es el número previsto de lobos a eliminar durante un año, en el ejercicio de 2014-2015. En el análisis las variables que a priori pueden explicar ese número de lobos a eliminar son los criterios que establece el Plan de Gestión de los que disponemos de datos: a) el importe pagado por predación sobre ganado (en miles de €), y b) el número de lobos en el año anterior (2013), estimados del nº total de grupos o del nº de grupos reproductores del año anterior (2013). Podemos entender así que la variabilidad en los datos no explicada por las regresiones responde al tercer factor no conocido (el conflicto). Los resultados detallados del análisis se incluyen en las notas al final del documento [3, 4].

Los resultados indican que las variables nº grupos lobos y miles €, las únicas conocidas, explican un 33% de la variabilidad del número de lobos a eliminar [5]. Por lo tanto, 2/3 de la varianza sin explicar estarían asociados al tercer factor de la ecuación, la conflictividad social, que parece por tanto tener un significativo papel a la hora de establecer y aprobar los objetivos de eliminación de lobos en las diferentes zonas  en el periodo 2014-15. Sin embargo, los datos relativos a conflictividad social son desconocidos (nada he podido encontrar en el documento) [6].

No obstante, el análisis que he realizado tiene limitaciones y asume algunas premisas. Señalo algunas:

En primer lugar, he realizado un análisis simple tomando como variables predictoras los datos del año precedente (2013 en este caso). Formalmente los programas anuales deberían establecer los cupos de extracción, según lo dicho en el Plan de Gestión del Lobo (el subrayado es mío):

a partir del análisis de los datos poblacionales recogidos, la evolución del número de daños y la evaluación del grado de conflictividad social existente

Pero ni en el Plan de Gestión ni en los Programas Anuales se aclara qué periodos se utilizan para el análisis de los datos poblacionales, qué periodos se usan para analizar la evolución de los daños, y cómo se evalúa el grado de conflictividad. En cualquier caso, la posibilidad de incluir los datos disponibles de otros programas anuales de control (al menos sobre número de grupos y coste de los daños) en análisis similares a los aquí realizados, permitiría, aumentando el tamaño de la muestra, considerar más variables (por ejemplo, las tendencias o “evoluciones” que señala el Plan) y facilitaría una mejor comprensión de cuáles han sido los criterios utilizados en la realización de los mencionados programas anuales de control de población.

Y en segundo lugar, con este análisis  he pretendido desentrañar cuánto pesa el criterio conflicto social frente a los otros dos criterios con datos conocidos (para el Programa 2014-15). Sin embargo, el análisis no dice nada sobre qué es ese conflicto social, y cómo lo entiende la administración a la hora de establecer los números de lobos a eliminar cada año. De hecho, el significado de los tres criterios no es, a mi entender, muy claro. Porque ¿qué significa que el número de lobos es un criterio a considerar, independientemente de los otros dos? Si ese número de lobos no está definido por los daños ni el conflicto social, ¿a qué tipo de umbral nos estamos refiriendo? Pero volviendo al tema de mi análisis, si la conflictividad social es algo diferente de la predación sobre ganado (o los euros abonados en ese concepto) ¿qué es entonces realmente? ¿pérdidas económicas no valoradas? ¿pura hostilidad?

Creo que nuestra capacidad de hacer las cosas cada vez mejor depende de entender cómo se han hecho. En este caso, racionalizar la gestión de la población de lobos en Asturias. Mi pretensión con este pequeño “ejercicio” es, más que dar resultados o respuestas, sugerir ideas para avanzar en ese camino.

Notas

[1] Grupo de Trabajo del Lobo. 2005. Estrategia para la conservación y la gestión del lobo (Canis lupus) en España. Comisión Nacional de Protección de la Naturaleza. Conferencia Sectorial de Medio Ambiente. Ministerio de Medio Ambiente.

[2] Ha sido necesario realizar algunas estimas para cuantificar algunos parámetros (p.e., a cuántos ejemplares equivale una camada a extraer o un grupo de lobos a sacrificar). He considerado que una camada equivale a 4 ejemplares; un grupo reproductor equivale a 6 lobos; un grupo no reproductor equivale a 2.

[3] Se construyeron modelos lineales generalizados (GLM) utilizando una función binomial negativa para el ajuste. El análisis realizado con las dos variables simultáneamente incluidas en el análisis (nº de grupos y euros por daños) resulta forzado dado el pequeño tamaño de muestra (N=8 zonas). Se añaden los análisis con una sola variable con objeto de ofrecer mayor seguridad en los resultados.

[4] Resultados de los análisis de los modelos construidos con datos del Programa anual de control de la población de lobos 2014-201). Variable respuesta: número previsto de lobos a eliminar; potenciales variables predictoras con datos conocidos: a) daños (miles de € 2013) y b) el número total de grupos 2013. Los análisis se realizan con los datos de cada zona (N=8).

(i) AIC = Criterio de Información de Akaike (una  reducción de 2 o más unidades respecto al modelo nulo equivale a modelos estadísticamente significativos). (ii) D<sup>2</sup> (%) ≈ varianza explicada de las variables consideradas en cada modelo (en %).

(i) AIC = Criterio de Información de Akaike (una reducción de 2 o más unidades respecto al modelo nulo equivale a modelos estadísticamente significativos). (ii) D2 (%) ≈ varianza explicada de las variables consideradas en cada modelo (en %).

[5] El escaso poder predictivo de las variables daños y número de grupos de lobos queda patente en que ninguno de los modelos construidos es estadísticamente significativo (AIC < 2 respecto al modelo nulo en todos los casos). En el planteamiento realizado, el conflicto social debe de ser el factor que aportaría consistencia (significación) al modelo al acumular el grueso de varianza. Los resultados obtenidos con el número de grupos reproductores en vez de los mostrados con el número de grupos de lobos total son similares (no los anoto para no aburrir en exceso con los números).

La zona denominada Áreas sin gestión específica, con 63.9 mil € de daños atribuidos a los 3 grupos de lobos existentes y una propuesta de eliminación de todos los ejemplares (14 estimados en estos análisis) juega un papel clave en la falta de proporcionalidad de los criterios (y por tanto en los resultados obtenidos). Podemos comparar esta zona con, por ejemplo, la zona 01-Noroccidental con algo menos coste de daños (43.3 mil €) y el mismo número de  grupos de lobos (3) pero donde está prevista la eliminación de dos ejemplares.

Hay que ser prudentes en la interpretación de los valores absolutos de los números de lobos a eliminar o extraer previstos en caza zona (y para el año estudiado). El análisis realizado observa simplemente si la distribución del número total de lobos previsto a sacrificar en el conjunto del año entre las diferentes zonas guarda proporcionalidad respecto a los criterios (daños y nº de lobos) con objeto de atribuir el resto de la varianza al tercer factor (conflicto social). No estoy examinando el efecto demográfico (y por extensión ecológico) que esos números puedan tener sobre la población de lobos.

[6] Fernández-Gil (2013) llega a similares conclusiones mediante un análisis diferente, considerando (para el periodo 2006-2009) el número de lobos sacrificado realmente (no el previsto) como variable respuesta y como variables explicativas el número de grupo de lobos, los daños (€) y el número de noticias sobre daños en un periódico regional de Asturias como indicador del conflicto social. El número de noticias parecía ser la variable con mayor poder explicativo del número de lobos que fueron realmente sacrificados.


Presentación del blog de ASCEL

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