El lobo en la Península Ibérica

Fecha de la última modificación: 15/09/2019

Nociones básicas sobre taxonomía y peculiaridades

La población de lobo de la Península Ibérica fue descrita por Ángel Cabrera en 1907 como Canis lupus signatus por sus características fenotípicas y morfológicas particulares. Sin embargo, no todos los taxónomos reconocen la subespecie, e incluyen a los lobos de la población ibérica en la subespecie nominal lupus. En el apartado específico de taxonomía sobre el lobo ibérico se profundiza sobre dicha cuestión.

Al margen de merecer o no el estatus taxonómico de subespecie, la población ibérica de lobos presentaría algunas peculiaridades ecológicas, morfológicas, genéticas, e incluso etológicas, derivadas de su historia de interacción antagónica con el hombre.

Distribución histórica

Hasta el s. XIX, la especie se encontraba distribuida por la práctica totalidad de la Península Ibérica. A mediados del s. XIX se estimaba la presencia de 7.000-9.000 ejemplares distribuidos en aproximadamente por 440.000 km2 del territorio español (1).

Fue en el s. XX cuando comenzó la regresión, que alcanzó su máxima expresión entre la década de los 50 y 70, cuando la población ocupó apenas 82.000 km2 (67% en España, 23% en Portugal), concentrándose en el noroeste de la Península Ibérica, con unos enclaves residuales en el centro y sur de España (en la extremeña sierra de San Pedro y en Sierra Morena) (2), de donde acabaron desapareciendo virtualmente en tiempos recientes.

Figura 1. Evolución de la distribución del lobo en España (3)

A finales del s. XX se produce una lenta recuperación parcial de la población y del área ocupada, causada fundamentalmente por el aumento de las presas potenciales del lobo (especialmente, ungulados salvajes, y en particular, en España), y por la disminución de la persecución sistemática (veneno, trampeo, caza, cobro de primas, etc.) por parte de los humanos. La aprobación de la Ley de Caza de España (1970) que prohibió el uso del veneno bajo cualquier circunstancia (aunque aún hoy día su uso no esté erradicado), contribuyó a esa recuperación. En el caso de Portugal, la clasificación legal del lobo es inequívocamente clara: la especie está estrictamente protegida y clasificada como taxón “En Peligro de Extinción” desde el año 1988.

Ese panorama general de recuperación parcial de la población ibérica de lobos parece haber finalizado, observándose un estancamiento desde principios del s. XXI, con algunas variaciones locales, tanto en España como en Portugal (4).

Distribución actual y estimas poblacionales

Entre 1986 y 1988, por encargo del entonces Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), se llevó a cabo el “primer estudio nacional” para evaluar la distribución, la situación y la problemática del lobo en España (5).

Según ese estudio, el área de distribución de la especie se extendía por 100.000 km2, fundamentalmente en el cuadrante noroccidental del país (la mayor parte de Galicia, la porción meridional de Asturias y Cantabria, la mitad septentrional de Castilla y León y algunas zonas de La Rioja y del País Vasco). Además, en la mitad sur de España se localizaron dos núcleos residuales y aislados, uno en Extremadura y otro en Sierra Morena. La población española de lobos se estimó en 300 grupos familiares, hablándose entonces de unos 1.500 ejemplares antes de los partos, y de unos 2.000 a mediados del otoño (5). El 90% de la población se concentraba en las regiones de Castilla y León y Galicia, y España albergaba en torno al 80% de la población ibérica de lobos. La población septentrional mostraba una tendencia positiva, mientras que la tendencia de los dos núcleos de la mitad sur era regresiva y fueron considerados en peligro de extinción.

Entre 2012 y 2014 se realizó el “segundo estudio nacional” de lobos en España (6), en el que se estimó la presencia de 297 grupos de lobos distribuidos por 91.620 km2 (6, 7).

Aunque los métodos del “primer(5) y “segundo estudio nacional(6) difieren, los resultados si son comparables. De hecho, ambos trabajos fueron promovidos y coordinados por la administración central, fueron llevados a cabo en todo el territorio español y en un lapso breve de tiempo (2-3 años). Una comparación más ajustada sugiere que se invirtió más esfuerzo y más recursos (personales, económicos y logísticos) en el “segundo estudio nacional”, que fue efectuado 26 años después del “primero”. También en el “segundo estudio nacional” se aprovechó el conocimiento previo acumulado en el “primer estudio nacional”, pero no se hallaron cambios significativos, ni en cuanto al número de grupos reproductores (de 294 grupos en 1986-1988 se pasa a 297 grupos), ni en cuanto al área de distribución (de 100.000 km2 se pasa a menos de 92.000 km2).

Durante ese período 1990 y 2014 entre el “primero” y “segundo estudio nacional“, se han llevado a cabo numerosos trabajos regionales de estima de grupos de lobos. Sin embargo, los métodos y los criterios empleados presentan mucha variabilidad, tanto con respecto a los “estudios nacionales” como entre ellos, incluso de una estima a otra en las mismas comunidades autónomas, por lo que la comparación de resultados es sumamente problemática. De hecho, en el período comprendido entre ambos “estudios nacionales”, todas las revisiones y puestas al día globales para España que figuran en “Atlas de Vertebrados”, “Libros Rojos” y similares (8, 9) no se refieren a estudio de censo o inventario alguno, sino a estimas regionales y/o particulares basadas en “criterios de experto”, tanto de áreas de distribución como del tamaño de población.

Por todo ello,  la comparación más estricta en España es la proveniente de evaluar los resultados obtenidos entre los dos “estudios nacionales (5, 6).

Figura 2. Comparación de los dos “estudios nacionales” efectuados con lobos en España

En cambio, en Portugal se han llevado a cabo dos “estudios nacionales”, el primero en 1994-1996, que estimó la presencia de 55-60 grupos de lobos (10), y el segundo en 2002-2003, que estimó la población de lobos entre 51 y 63 grupos, distribuidos por 20.400 km2 (11). Esto sugiere que no hay evidencias significativas de recuperación del lobo en dicho país en las últimas décadas (12), lo cual sería debido a que la protección de los lobos no es efectiva en dicho país debido a la mortalidad no natural que sufren los individuos (caza ilegal, envenenamiento, etc.) y a la escasa presencia de ungulados salvajes (presencia que está aumentado significativamente en tiempos recientes). No obstante, y al contrario que en España, todas las evaluaciones sobre el estado de conservación del lobo en Portugal están estrictamente referidas a los trabajos con vocación de “estudio nacional(12).

Las estimas realizadas por las comunidad autónomas sobre el número de grupos ya no resultan  fidedignas. Ésto se debe a prejuicios sobre la atribución de grupos a territorios “loberos” en función de determinadas asunciones que no permiten tales asignaciones. El más recurrente es que se mantiene un status quo que establece la presencia sine die de territorios loberos, a pesar de la inexistencia de datos empíricos contrastables que permitan asumir si tales grupos los son o no, y mucho menos, sin certificar su reproducción, característica esencial para determinar la mayoría de los grupos de lobos.

El método de muestreo cambiante sería otro factor que resta certidumbre a las estimas poblacionales. Así, la aplicación de criterios, procedimientos y esfuerzos de muestreo diferentes y de grados de certeza variables a la hora de confirmar, por ejemplo, la existencia de grupo (13, 14). Este es el caso en Castilla y León, donde se estimó la presencia de 158 grupos (125 detectados más 33 “posibles”) en 1990, y de 149 grupos (“107 seguros, 42 probables”) en 2001 (13). Mientras en 1990 se consideraba la existencia de grupos detectados y “posibles”, en 2001 se utilizaron los términos “seguro” y “probable”.

En resumen, los trabajos regionales que ofrecen estimas del tamaño de la población española de lobos, estrictamente, son incomparables, al no indicarse cuestiones elementales en seguimientos estandarizados como los indicadores de esfuerzo.

Estimas de tamaño de grupo de lobos en España

Los lobos son carnívoros sociales que viven en grupos familiares jerarquizados compuestos por una pareja reproductora y sus crías, de varios años y/o camadas precedentes. Resulta difícil conocer el tamaño real de la población (número de individuos) ya que este número puede variar, incluso dentro de un mismo año, y de forma notable, por ejemplo, antes y después de los partos. Además, un 10-15% de la población no está estrictamente asociada a grupos territoriales, aunque la cohesión de los propios grupos puede ser más o menos laxa (14).

Los grupos de lobos en España habitualmente ocupan territorios que oscilan entre los 100 y los 500 km2. El tamaño medio de grupo en verano (reproducción) se ha estimado empíricamente en 4,1 (± 1,6) cachorros y 3,1 (± 1,3) adultos (13). En invierno, ese tamaño promedio experimenta una variación, desde los 4,4 ejemplares (rango de 3,9 – 5,1 lobos), a los 3,1 ejemplares (rango de 2,3 – 4,0 individuos) a finales del invierno, lo cual se atribuye a la mortalidad directa provocada por el ser humano durante ese periodo (14, 15).

Las estimas del número de individuos aportadas para el “primer estudio nacional” se basaron en asignar un número de individuos por grupo (5-7 ejemplares por grupo) (5). Actualmente, algunos aplican otras métricas (de 8-10 ejemplares por grupo, o más) a un virtualmente idéntico número de grupos en el “segundo estudio nacional”. Tampoco tienen en consideración que la tasa habitual descrita para evaluar el fracaso reproductor en grupos de lobos se cifra en torno al 20% (14). 

Conviene reseñar que el tamaño promedio de grupo de lobos empleado en España es un 30-40% superior al considerado en el ámbito internacional (incluido Portugal) por la ausencia de procedimientos descritos concretos, empíricos y repetibles, condición esencial del método científico (15, 16). Estas cifras resultan importantes para la comprensión de cómo se establecen “cupos de lobos” en los planes de gestión de la especie en España. Esos planes se han erigido en instrumentos regionales de amparo legal del control poblacional indiscriminado de lobos en nuestro país.

Conservación a largo plazo:  importancia de la fracción reproductora de una población

La estima más importante en biología de la conservación se basa en el concepto de “población efectiva”, que hace referencia al número de adultos que participan en la reproducción, lo cual está, además, en consonancia con algunas recomendaciones del panel de expertos de la “Large Carnivore Iniciative for Europe” (LCIE) (ver apartado sobre el estatus legal del lobo). Ese número, que es una aproximación al tamaño de población efectiva, determina el potencial evolutivo de una especie y la capacidad de adaptación que le permita sobreponerse a cambios ambientales (17). Según esta aproximación, la población ibérica de lobos, incluyendo Portugal, estaría compuesta por aproximadamente 700 adultos reproductores, dato inferido a partir del número de grupos estimados.

Discutir si esta población es “viable”, tanto demográfica como genéticamente, o si es incluso “funcional” (en cuanto a sus efectos y relaciones en el ecosistema), es un asunto mucho más complejo y relevante que la estima del tamaño de la misma en un momento dado.

Citas bibliográficas:

(1) Rico, M. & Torrente J. P. (2000). Caza y rarificación del lobo en España, investigación histórica y conclusiones biológicas. Galemys, 12 (NE): 167-179.

(2) Chapron, G., Kaczensky, P. et al. (2014) Recovery of large carnivores in Europe’s modern human-dominated landscapes. Science, 346: 1517-1519.

(3) Vilà, C. (1993). Aspectos morfológicos y ecológicos del lobo ibérico (Canis lupus Linnaeus, 1758). Tesis doctoral. Universidad de Barcelona. 299 pp.

(4) Quevedo, M., Echegaray, J., Fernández-Gil, A., Leonard, J.A., Naves, J., Ordiz, A., Revilla, E. & Vilà, C. (2019). Lethal management may hinder population recovery in Iberian wolvesBiodiversity & Conservation, 28 (2): 415-432.

(5) Blanco, J.C., Reig, S. & De la Cuesta, L. (1990). El lobo en España. Situación, problemática y apuntes sobre su ecología. ICONA. Madrid. 118 pp.

(6) MAGRAMA (2016). Censo 2012-2014 de lobo ibérico (Canis lupus, Linnaeus, 1758) en España. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Madrid. 

(7) Grupo de Trabajo del Lobo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (2016)

(8) Blanco J.C., Sáenz de Buruaga M. & Llaneza L.A. (2002). Lobo Canis lupus Linnaeus, 1758. Pp: 234-237. En: Palomo L.J. & Gisbert J. (Eds.). Atlas de los Mamíferos terrestres de España. SECEM, SECEMU y MMA, Madrid.

(9) Blanco, J.C., Sáenz de Buruaga, M. & Llaneza, L.A. (2007). Lobo Canis lupus. Pp: 272-276. En: Palomo, L.J. (ed.). Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos de España. SECEM, SECEMU y MMA. Madrid.

(10) ICN (1997). Conservação do lobo em Portugal. Projeto realizado ao abrigo do programa Life. Relatório final. Lisboa, 231 pp.

(11) Pimenta, V., Barroso, I., Álvares, F., Correia, J., Ferrão da Costa, G., Moreira, L., Nascimento, J., Petrucci-Fonseca, F., Roque, S. & Santos, E. (2005). Situação populacional do lobo em Portugal, resultados do Censo Nacional 2002/2003. Relatório Técnico. Instituto da Conservação da Natureza/Grupo Lobo.

(12) Torres, R. & Fonseca, C. (2016). Perspectives on the Iberian wolf in Portugal: population trends and conservation threats. Biodiversity and Conservation. 25, 411-423.

(13) Llaneza, L.A. & Blanco, J.C. (Coord.) (2001). Diagnóstico de las poblaciones de lobo en Castilla y León (2000-2001). Informe inédito. Junta de Castilla y León. 285 pp.

(14) Fernández-Gil, A., Alvares, F., Vilà, C. & Ordiz, A. (Eds.) (2010). Los lobos de la Península Ibérica. Propuestas para el diagnóstico de sus poblaciones. ASCEL, Palencia. 208 pp.

(15) Fernández-Gil, A. (2013). Comportamiento y conservación de grandes carnívoros en ambientes humanizados. Osos y lobos en la Cordillera Cantábrica. Tesis doctoral. Universidad de Oviedo. 277 pp.

(16) Echegaray, J. & Vilà, C. (2008). ¿Hay tantos lobos en España?. Quercus, 272: 80-81.

(17) Echegaray, J., Leonard, J. & Vilà, C. (2008). ¿Está asegurada a largo plazo la conservación del lobo ibérico?. Quercus, 263: 14-22.

2 comentarios

  1. Buenas tardes,

    He empezado a documentarme sobre el lobo ibérico y deseo hacer una consulta sobre una duda que me asaltó leyendo un artículo sobre los hábitos del lobo en general. Aquellos lobos descendientes de lobos alfa y beta de la manada que al cumplir los 2 años de edad deciden dispersarse ¿de qué manera ingresan en otra manada sin que supongan una amenaza?

    Gracias anticipadas,

    1. Hola,

      Tanto en líneas generales como en lobos en particular los dispersantes toman muchos riesgos, tanto por las dificultades inherentes de la vida solitaria para un animal tan social, como por la alta probabilidad de ser – como mínimo – rechazados por otros grupos. Sólo serán aceptados en principio en otro grupo familiar si este “los necesita”, hecho más probable en poblaciones explotadas, en las que los grupos pierden a menudo a los líderes.

      De hecho, la propia estructura social y la territorialidad de los lobos limita el tamaño de la población; adentrarse en el territorio de otro grupo familiar es una causa importante de mortalidad.

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