Interacciones entre grandes carnívoros: las tasas de predación de los lobos son menores en zonas con osos

Por Andrés Ordiz
Departamento de Ecología y Recursos Naturales
Norwegian University of Life Sciences, Noruega

Las interacciones entre especies son esenciales en ecología, pero aún sabemos poco sobre los efectos que estas interacciones tienen sobre la predación, es decir, sobre el mecanismo mediante el cual los grandes carnívoros desarrollan su papel en la naturaleza.

En un trabajo recién publicado [1], utilizamos datos recogidos durante 15 años en Escandinavia y en Yellowstone (EEUU) para analizar si la presencia de osos pardos cambia las tasas de predación de los lobos.

A pesar de que los osos utilizaron frecuentemente las presas matadas por los lobos, éstos no cazaron más a menudo para contrarrestar la pérdida de comida. De hecho, y en contra de lo inicialmente previsto, nuestros resultados sugieren que tanto en Escandinavia como en Yellowstone las tasas de predación de los lobos fueron menores en presencia de osos.

Una posible explicación es que los lobos intenten utilizar sus presas a pesar de la presencia de osos, esperando a que éstos se vayan, lo cual retrasaría su siguiente intento de predación. Los osos son también eficientes depredadores de crías de ungulados, tanto en Escandinavia como en Yellowstone. Por tanto, otra explicación, alternativa o complementaria a la anterior, es que a los lobos les puede costar más encontrar su siguiente presa en zonas con osos, especialmente en primavera, cuando ambas especies cazan crías de alces o ciervos recién nacidas. En un trabajo anterior [2], documentamos que los osos fueron uno de los factores implicados en el proceso de recolonización de los lobos en Escandinavia; los lobos ocuparon primero zonas sin osos, y sólo cuando la población de lobos fue aumentando acabó por expandirse en la zona con osos, tal vez por la alta frecuencia con la que éstos se alimentan de presas matadas por los lobos.

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Estos artículos recientes ilustran la complejidad de los sistemas naturales y nos recuerdan que nuestros conocimientos son todavía limitados. Una posible conclusión de nuestro trabajo es que el impacto total de la predación de lobos y osos sea menor que la suma de sus impactos por separado [1]. Por tanto, las interacciones entre lobos y osos podrían mitigar, y no al contrario, la influencia de estos predadores sobre las poblaciones de sus presas. Ignorar las interacciones entre grandes carnívoros puede, por una parte, infravalorar los posibles efectos para los propios lobos y osos, en este caso, y además puede llevar a sobreestimar el impacto total de múltiples predadores sobre las poblaciones de presas. Este tipo de consideraciones deberían tenerse en cuenta para gestionar de manera prudente las poblaciones de grandes carnívoros, que son de por sí escasas y que están sometidas a métodos de regulación natural que apenas empezamos a intuir.

[1] Tallian A, Ordiz A, Metz CM, Milleret C, Wikenros C, Smith DW, Stahler DR, Kindberg J, MacNulty DR, Wabakken P, Swenson JE, Sand H. 2017. Competition between apex predators? Brown bears decrease wolf kill rate on two continents. Proc. R. Soc. B 284: 20162368. Descargable aquí: http://dx.doi.org/10.1098/rspb.2016.2368

[2] Ordiz A, Milleret C, Kindberg J, Månsson J, Wabakken P, Swenson JE, Sand H. 2015. Wolves, people, and brown bears influence the expansion of the recolonizing wolf population in Scandinavia. Ecosphere 6, 284. Descargable aquí: http://dx.doi.org/10.1890/ES15-00243.1

Los lobos podrían usar la mirada para comunicarse entre ellos

No es ningún secreto que los lobos son animales altamente sociales. Pero más allá de los ladridos, meneos corporales y otros gestos que nos gusta interpretar, es posible que los cánidos tengan otra manera más de comunicarse. Una nueva investigación apunta a la posibilidad de que los perros, así como el resto de especies emparentadas con ellos, podrían enviarse señales entre ellos a través de sus ojos.

Un equipo de investigadores japoneses examinó fotografías de casi todas las especies de cánidos existentes y observaron que aquellos con comportamientos de vida altamente sociales y que practican la caza de forma cooperativa, son más propensos a tener los ojos fácilmente visibles. Luego, estudiaron a algunas de las especies que interactúan en los parques zoológicos y concluyeron que aquellas con ojos más fáciles de ver, son también más propensas a ser sociales. Los resultados de esta investigación fueron publicados el pasado 11 de Junio en la revista PloS One (Public Library of Science)

Lo que este estudio muestra es que hay una correlación entre las características faciales y la sociabilidad y necesidad de comunicar”, señala la zoóloga Patricia McConnell, de la Universidad de Wisconsin-Madison, una investigadora del comportamiento canino, que no participó en el estudio.

Los científicos organizaron 25 especies de cánidos silvestres diferentes en función de sus características faciales, (con alrededor de una docena de fotos de individuos de cada especie), en tres grupos y luego consultaron investigaciones previas para definir los patrones de conducta de cada grupo.

El Grupo A incluye aquellas especies cuyo iris es más claro y con mayor contraste con la pupila y con rostros provistos de marcas, que hacen que los ojos sean más fáciles de localizar en él. Este grupo de animales, que incluye especies como el lobo gris, el coyote y el chacal dorado, son más propensos a vivir en grupos sociales y de caza cooperativa y coordinada, que funcionan como un todo.

En el grupo B se incluyeron aquellas especies en las que sólo las marcas faciales indicaban la posición de los ojos pero cuyas pupilas no eran visibles, como el lobo de crin (aguará guazú), el dingo o el zorro kit. Estos animales tienden hacia la vida solitaria, o en parejas unidas, y la caza en solitario.

Los ojos de los cánidos que se incluyeron en el grupo C estaban camuflados, sin marcas visibles dentro o alrededor del ojo que los diferenciasen del resto del rostro. En su mayoría, se trataba de las especies de cánidos más primitivos, como el perro venadero, el perro mapache o el perro salvaje africano. Aunque todos ellos tienden a vivir en grupos sociales, practican la caza en solitario.

Para poner a prueba la validez de sus estos grupos, los investigadores se desplazaron a zoológicos japoneses, y observaron el comportamiento de una especie de cada uno de los grupos: lobo gris (Grupo A), zorro del desierto (Grupo B) y perro venadero (Grupo C). Las tres especies se miraron casi el mismo número de veces, pero los lobos mantenían sus miradas entre sí mucho más tiempo que los zorros o los perros venadero. Los lobos grises, además, realizaron el doble de posturas lúdicas distintas que las otras dos especies.

La comunicación visual no es desconocida en el reino animal, siendo el humano un claro ejemplo de su existencia. Los científicos piensan que una de las razones por las que tenemos blanco alrededor del iris es para detectar cuándo otras personas nos están mirando. Si ciertos cánidos se comunican con la mirada, probablemente se basan principalmente en tener un alto contraste entre el iris y la pupila, en lugar de esclerótida (nombre técnico del blanco de los ojos).

Estos gráficos demuestran que los cánidos con ojos altamente visibles suelen ser más sociales y cazan en grupo.

McConnell dice que los cánidos son grandes comunicadores, pero todavía tenemos un largo camino por recorrer antes de que entendamos todos los canales que utilizan. “Se puede decir sin duda que todo el cuerpo de un cánido es una fuente de información”, afirma.

Este estudio, si bien muestra una gran relación entre la mirada y la sociabilidad, no es aún concluyente. Una forma de validar estas pruebas definitivamente podría ser tapar los ojos de los cánidos cuya comunicación visual y sociabilidad son mayores y parecen relacionadas, y observar cómo esto afecta a sus relaciones sociales. Y tal vez tú podrías ser quien lo hiciese: McConnell dice que su campo sufre gran carencia de investigadores.

Podéis acceder al artículo original de Nick Stockton en este enlace y una copia de la publicación científica puede ser descargada en este enlace.

Esta traducción ha sido realizada por la socia Loreto Castaedo

Grabadoras de audio para carnívoros incorporadas a collares GPS

El Laboratorio de Bioacústica de Oregon State University, en colaboración con el Departamento de Pesca y Vida Salvaje de Oregón, está trabajando sobre mini-grabadoras de audio en collares, y estudiar así el comportamiento de los carnívoros.

Estos prototipos de 75 gr de peso son capaces de grabar audio de forma continua durante tres semanas. El primero se le colocó recientemente en Oregón a un macho de lobo de dos años. En los próximos meses se espera colocar otras cinco grabadoras para poner a prueba su durabilidad.

Los lobos de Oregón están protegidos por ley. Saber cómo se distribuye y recupera la población es necesario para entender el impacto sobre otras especies y sus interacciones con el ser humano. Si las grabadoras funcionan bien y se recuperan con éxito los collares, se obtendrán sonidos ambientales y otros relacionados con la caza y sociabilidad de los lobos, que pueden proporcionar más información sobre el animal que los datos básicos que emite un emisor GPS (ubicación y movimiento).

Más información sobre el lobo en Oregón: http://www.dfw.state.or.us/Wolves/

Cuentos de dos estados. Una lección para la gestión de especies

Este artículo ha sido traducido por la socia Carmen Toribio.

Un estudio científico alerta sobre el cuello de botella sufrido por la población ibérica de lobo

Un trabajo publicado en la revista científica Conservation Genetics, y liderado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y la Estación Biológica de Doñana-CSIC, pone de manifiesto que las poblaciones españolas de lobos han sufrido un cuello de botella demográfico que podría condicionar su futuro si no se adoptan medidas de conservación adecuadas.

La población “efectiva” de lobos ibéricos se estimó en torno a los 50 ejemplares, lo cual implicaría una reducción poblacional a mediados del S. XX mucho mayor de la asumida  inicialmente a mediados del siglo XX, o bien una sobreestima del censo actual.

Fuente: Natalia Sastre, Carles Vilà, Marıa Salinas, Vladimir V. Bologov, Vicente Urios, Armand Sánchez, Olga Francino y Oscar Ramírez. Signatures of demographic bottlenecks in European wolf populations. Conservation Genetics, 12 (2011): 701-712.