Prosigue la vergüenza de los controles de población de lobos en Asturias

Hace semanas que miembros de la guardería de medio ambiente del Principado de Asturias se aplican en los “controles de población” de lobos; es decir, en matar lobos. Al menos un macho adulto (en Proaza) y una hembra adulta (en Valdés), han sido abatidos recientemente. En el caso de la hembra de Valdés, era probablemente la madre de los cachorros del año pasado, y la única hembra adulta de su grupo.

Hembra adulta abatida el 6 de marzo en Valdés (Asturias)
Hembra adulta abatida el 6 de marzo en Valdés (Asturias)

Ayer mismo, 10 de marzo, y hoy mismo, y durante las próximas semanas, en el punto álgido del celo, esos guardas de la administración asturiana se aplicaban y aplicarán en destripar lobos entre los Parques Naturales de Somiedo y de las Ubiñas-La Mesa. Es decir, se aplican en destripar los grupos familiares con menor incidencia de predación sobre animales domésticos, y los que tienen mayor potencial para desarrollar el papel clave de la especie en la naturaleza. Que no sean conflictivos, y que sean una pieza clave en los ecosistemas de espacios protegidos, parece tenerles sin cuidado. Parece que esos guardas y sus jefes (Consejera, Directora General, Jefe de Servicio, por ejemplo) se empeñan en desvirtuar su profesión.

A medida que se acumulan evidencias de que los controles de población no sólo no solucionan los problemas que dicen querer evitar, sino que los incrementan, ideólogos y ejecutores de los controles no pueden alegar desconocimiento. Los controles de población van quedando relegados a la categoría de incompetencia (siendo cordiales), o de pura xenofobia ambiental. Podríamos no obstante especular otra interpretación: el Gobierno de Asturias se empeña en pescar votos en el charco más reaccionario de la sociedad asturiana.

Terminar con una sugerencia a los futuros visitantes de Asturias: que pregunten en los centros de visitantes de los parques asturianos por esas especies utilizadas en la propaganda “paraíso natural”; que pregunten qué tal ha ido la campaña primaveral de controles de lobos. Cuántos se han matado, de que edades y sexo, y por qué. Seguramente recibirán interesantes datos públicos, de la gestión pública, de la administración pública. Preguntar por esos detalles es mostrar interés y compromiso por la gestión de los espacios protegidos, ¿no?

Biodiversidad molesta (una y otra vez)

En nuestra presentación en esta web enumeramos nuestros objetivos específicos, así como el planteamiento más general, que reproducimos aquí:

Desde un punto de vista más general, trabajamos sobre la base de que la conservación integral de ecosistemas es clave para garantizar nuestra supervivencia como especie.

No es simple, no. Al contrario. La defensa de una especie determinada puede llevar a conflictos con los defensores de otras. Ya sea porque 1) las interacciones antagonistas (competencia, predación, parasitismo etc.) forman parte de los ecosistemas, y de la evolución de las especies que ahora contemplamos; y 2) una especie – por definición – tiene necesidades distintas de otras, y las actuaciones de gestión monoespecífica tienden a ayudar en el mejor de los casos a la especie focal. Por eso no deberíamos insistir en simplificaciones y parches.

Sin embargo, los lobos son un ejemplo habitual de “biodiversidad molesta”, una suerte de soy conservacionista, pero esa especie dificulta mis objetivos. No pocas veces hemos oído aquello de que no habría veneno si no hubiera lobos, desde sectores supuestamente conservacionistas.

Estos días nos llega otro ejemplo, desde Galicia. Extraemos dos frases relevantes de una ponencia organizada por la Asociación Galega de Custodia do Territorio (entre 26:55 y 28:15 en el vídeo enlazado):

“… los planes de recuperación de la especie [oso pardo] deben tener muy en cuenta no sólo al oso sino al resto de animales que viven en la misma zona y que provocan daños, provocan malestar, y al final el que lo puede pagar es el oso”

” [el lobo] es una especie que debe ser gestionada; no hay que eliminar los lobos pero se pueden gestionar y regular sus poblaciones para evitar que dentro de esta zona donde viven los osos una mala gestión de la especie lleve al uso de venenos, que al final mata todo, mata más lobos de los que mataríamos de forma regulada y legal…”

Nos preguntamos si el ponente y la asociación de custodia del territorio ignoran los principios de conservación de la biodiversidad, de ese o cualquier territorio, así como la legislación ambiental. Nos preguntamos si optan por una biodiversidad a la carta.

¿Qué tal si definimos planes de conservación integrales, o mejor aún, respetamos las leyes existentes, y denunciamos a los envenenadores y pirómanos?

¿Qué tal si discutimos qué razones sustentan los métodos letales de “gestión” de la población de lobos, o cuantos lobos mueren de modo ilegal, o quién ha demostrado que los controles amparados por las administraciones disminuyen el furtivismo y el conflicto?

¿Qué tal si conservamos sin destruir?

Solicitamos – otra vez – información sobre los cachorros capturados en Ponga (Asturias)

Las administraciones con competencias en la gestión medioambiental tienen, como su nombre indica, papel administrativo; no son propietarias de ese medio ambiente. Como servicio público, dependen de – y deben atender a – los ciudadanos. Se diría que se les olvida. Por eso seguimos intentando que proporcionen información acerca de las gestiones emprendidas¹.

Las entidades conservacionistas² hemos vuelto a solicitar información sobre los dos cachorros de lobo capturados en el Parque Natural de Ponga (Asturias), en una operación de “control de población” llevada a cabo en mayo. Es decir, en una batida, en la que se mató a un macho adulto.

Los cachorros fueron trasladados en octubre a un cercado situado en el municipio de Belmonte; como revulsivo económico para el concejo, dicen, aunque no nos consta proyecto o análisis alguno que separe tal consideración de la mera propaganda.

Pedimos a la administración asturiana, de nuevo, información sobre:

  • Los objetivos de la cautividad permanente de los cachorros.
  • Las bases legales, científicas, técnicas y socio-económicas que justifican tal decisión.
  • Personas implicadas hasta la fecha en el manejo, y cualificación profesional de las mismas.
  • Protocolos de manejo empleados hasta la fecha, y proyectados.
  • Presupuestos.
  • Características de las instalaciones a las que han sido trasladados los cachorros.
  • Análisis veterinarios.

En respuesta a solicitud de información presentada el 3 de junio, el Jefe del Servicio de Caza y Pesca de la administración asturiana, José Félix García Gaona, contestaba entonces que la mayoría de la información solicitada no podía ser contestada, toda vez que la decisión final sobre el destino de los animales no estaba tomada.

Quizás ahora ya sepan qué contestar.

[1] En virtud de lo dispuesto en la Ley 30/92, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, y en la Ley 27/06, de 18 de julio, por la que se regulan los derechos de acceso a la información, de participación pública y de acceso a la justicia en materia de medio ambiente (que incorpora las Directivas 2003/4/CE y 2003/35/CE).
[2] Representadas en el Comité Consultivo del Plan de Gestión del Lobo en Asturias, por Resoluciones de 15 de Noviembre de 2003 y de 4 de Febrero de 2004.

Nueva persecución a los lobos de Picos de Europa

El pasado 16 de octubre, el director del Parque Nacional de los Picos de Europa, Mariano Torre Antón, dictó una resolución que autoriza:

…realización de un control poblacional de lobo (Canis lupus signatus) en el interior de dicho espacio protegido

En concreto, la resolución contempla la muerte de 3 lobos en la zona colindante entre Asturias y Cantabria. Nada nuevo; la diligencia de los responsables del citado espacio protegido en la protección de la fauna salvaje es bien conocida, y se les recordará por ella.

Desde ASCEL hemos solicitado la información técnica en la que se basa la autorización, especialmente al apoyarse en afirmaciones como:

“la sobreabundancia de la especie en este momento”

“importantes repercusiones, particularmente para el ganado ovino y caprino…”

“la movilidad del grupo o grupos familiares correspondientes en el entorno de la raya entre las comunidades autónomas”

También hemos presentado recurso de alzada, fundamentado en la nula argumentación de la resolución, la inclusión en la misma de métodos prohibidos como el uso de cebaderos y elementos de visión nocturna o iluminación, y la autorización de participación a personas no vinculadas a la administración (y por tanto sin competencias ni capacidades legales en la materia).

 

 

Por matar unos lobos…

Por Mario Quevedo de Anta
Biología de Organismos y Sistemas – Ecología, Universidad de Oviedo
Campus del Cristo, 33006 Oviedo
quevedomario [at] uniovi.es

No pasa nada. O eso toca oír y leer de vez en cuando.

Y el caso es que no es posible sostener tal afirmación. No al menos en las cercanías de la Biología, ciencia que estudia los seres vivos. Sin embargo, no es difícil encontrar declaraciones equivalentes a cargo de biólogos nacionales y extranjeros[1] (incluyo ahí a responsables públicos que debieran estar asesorados por biólogos), casi siempre en relación directa con las también habituales políticas de “control de poblaciones”. Puede que la afirmación tenga su origen fuera de los límites de la ciencia, al calor de culturas y religiones antropocéntricas. Pero examinar cultura, religión o sociología queda en manos de especialistas en esas disciplinas; aquí me quedo con la parte biológica[2].

En biología la afirmación no tiene sentido, digo. Para sostener que no pasa nada por matar un animal, necesitamos que se cumplan al menos dos premisas: 1) que haya suficientes animales en la misma población; y 2) que esos individuos sean equivalentes.

De 1) se ocupa el concepto de población mínima viable: el número de individuos de una especie que interaccionan entre sí con más frecuencia que con otros, y cuya probabilidad de extinción sin incluir causas externas es muy baja (e.g. menos del 5% en 50 años). Es un concepto clásico en biología de la conservación, y conjuga al menos demografía y genética [3]. Es también un concepto polémico, no por su validez general, pero sí por la capacidad real de fijar umbrales genéricos de viabilidad.

El punto 2)  es menos famoso. Tratamos muchas veces las poblaciones de animales y plantas como cajas negras, por simplificar, asumiendo que no existen diferencias entre los individuos que las forman. No obstante, los biólogos sabemos – debemos saber – que los individuos de una población no son iguales. No necesariamente aportan lo mismo a la población, ni interaccionan de la misma forma con el resto de la comunidad ecológica. Es intuitivo: piensa en tu población, y si te da igual coincidir con un vecino u otro; si todos los individuos del pueblo realizan las mismas tareas, si todas las niñas cogen el mismo número de catarros, o si son igual de hábiles pintando.

Las poblaciones de animales no humanos también están compuestas por individuos no equivalentes[4]. Hay machos, hembras, adultos, juveniles, ancianos, más fuertes, más débiles, expertos, inexpertos; hay individuos con comportamientos y temperamentos muy distintos. Los lobos no son una excepción. Al contrario, son una especie particularmente social: viven en grupos familiares[5] en los que conviven individuos de distintas generaciones, y en los que existe división de funciones; cooperan para sacar adelante las camadas y para obtener alimento, y enseñan a las crías habilidades adquiridas de caza y supervivencia[6].

ARKive photo - Grey wolves fur colour variation
La variación en la coloración, especialmente marcada en algunas poblaciones, es sólo una de las múltiples posibilidades de diferenciación individual.

Dado que los individuos son distintos, sí pasa algo por matar unos lobos. Por un lado, no todos los componentes de la población son igual de vulnerables; por otro, matando unos se eliminan características genéticas y etológicas presentes o disponibles en la población, modificando por tanto la misma[7,8]. Imagina un grupo familiar constituido, al final del verano, por la hembra y el macho reproductores (los célebres alfas), un adulto de tres años, ya experimentado, un par de subadultos de un año (de tamaño idéntico a los adultos pero inexpertos), y 5 cachorros nacidos en primavera. Imagina ahora que en un control de población, de los del no pasa nada, se matan 3 (no te resultará difícil en estos tiempos y geografías). ¿Da igual qué individuos mueren? ¿Cazará el grupo las mismas presas, en el mismo sitio, con igual eficiencia, si muere alguno de los individuos experimentados? ¿Podrá defender y mantener su territorio frente a grupos vecinos? Esas son sólo algunas preguntas a contestar antes de emitir un no pasa nada, antes de restar importancia biológica al eufemismo control letal.

Y el caso es que los lobos no son una especie poco conocida, ni mucho menos. Es perfectamente posible, obligatorio para profesionales, encontrar respuestas debidamente publicadas a muchas preguntas. Algunas de esas respuestas no serán definitivas; otras deberán extrapolarse con cautela de una zona de estudio a otra (sí, ya sé que Denali no es Picos de Europa, y que en el Viejo Mundo tenemos muchas complicaciones…), pero son en cualquier caso las fuentes correctas en Biología hasta que nueva información científica las modifique, reafirme o generalice.

No es mi intención hacer aquí una revisión bibliográfica, sólo mostrar algunos ejemplos, tanto clásicos como muy recientes[9], de lo que sí se sabe:

Matar lobos fractura la estructura social de los grupos familiares, y no conlleva necesariamente que haya menos individuos en la población a medio plazo, o una reducción del impacto de la predación. La fractura social es especialmente acusada si se eliminan los individuos reproductores; la pérdida de los líderes implica frecuentemente la disolución del grupo familiar, y puede dar lugar a tasas de reproducción más altas en los grupos resultantes[10]. La ruptura social sistemática da lugar a grupos familiares más pequeños, que pueden además presentar tasas de predación superiores a las de grupos más grandes y estables; eso implicaría más presas abatidas pero menor proporción consumida de cada una[11].

¿Cómo es posible entonces que profesionales de la investigación, docencia o gestión de fauna sostengan que no pasa nada, o alguna variación equivalente?

Se me ocurren varias explicaciones, seguro que hay más. Prefiero pensar que la más frecuente será el descuido, incluyendo en el cóctel antropocentrismo y algo de desdén por la especie (pero sí, ahí me salgo de mi campo). Es posible también que no debamos interpretar ese no pasa nada en sentido estricto, sino entender que esos biólogos sólo pretenden informarnos de que matar unos cuantos individuos no implica borrar del mapa una población, ni mucho menos la extinción de la especie. O incluso pretendan quizá divulgar que por matar unos cuantos individuos no necesariamente disminuirá la densidad de población.

Bien está saberlo.

No obstante, estaría bien dejar de escatimar precisiones, y adjuntar las referencias oportunas que sostengan las afirmaciones. Convendría trasladar al público no especialista que el estatus de conservación de una población no es binario, tipo yin-yang, blanco-negro, extinto-extante[12]. Y la densidad de población no es – ni mucho menos – lo único importante en biología[13].

La Biología es una ciencia, y los biólogos somos profesionales. Creo que es mejor dejar el tono descuidado y el paternalismo para otros foros, en los que no arrastremos la profesión. Y escribo esto último en primera persona. A fin de que la profesión no se resienta, haciéndonos prescindibles, es recomendable también separar explícitamente el conocimiento científico de la opinión personal. No digo que sea siempre fácil, pero lo fácil en biología se hizo 200 años atrás, y no lo era entonces.

Notas y referencias
[1] En Norteamérica encontramos todo el rango de estatus de conservación de lobos, desde grupos poco afectados por mortalidad no natural hasta trampeo y exterminio; también llegan de allí ejemplos célebres de los efectos de los grupos de presión sobre las agencias medioambientales y los biólogos aledaños. Un par de ejemplos: Capps K. 1994. The Passion and Politics of Killing Wolves. Alaska, The Magazine Of Life on the Last Frontier, August 1994; Chadwick 2010, Wolf Wars. National Geographic, March 2010.

[2] Existen otros campos o vías de análisis. Una especialmente relevante sería la ética. En ningún caso pretendo desmerecerlas aquí.

[3] Shaffer ML. 1981. Bioscience 31, DOI 10.2307/1308256; Frankham R et al. 2014. Biological Conservation 170, DOI 10.1016/j.biocon.2013.12.036

[4] Bolnick DI et al. American Naturalist 161, DOI 10.1086/343878. Pueden existir excepciones, especialmente en invertebrados, en los que la reproducción asexual produzca descendientes virtualmente equivalentes. No es el caso en aves y mamíferos.

[5] El término manadas es impreciso, y ha sido criticado por tendencioso: Haber GC & Holleman M. 2013. University of Alaska Press [http://www.worldcat.org/oclc/833575121]

[6] Mech LD & Boitani L (Eds). 2003. University of Chicago Press [http://www.worldcat.org/oclc/51810720]

[7] La diversidad genética de una población implica más de lo que observamos en los fenotipos en un momento dado; implica también características no expresadas, pero disponibles ante cambios ambientales.

[8] Biro PA & Dingemanse NJ 2009. Trends in Ecology & Evolution 24, DOI 10.1016/j.tree.2008.11.001; Biro PA & Post JR 2008. PNAS 105, DOI 10.1016/10.1073/pnas.0708159105

[9] Lo más reciente en publicaciones científicas no implica necesariamente sorpresas o nuevos conocimientos, sino a menudo documentar mejor, con más datos, aquellos ya existentes.

[10] Haber GC 1996. Conservation Biology 10, DOI 10.1046/j.1523-1739.1996.10041068.x; Peterson RO et al. 1984. Wildlife Monographs 88; Borg BL et al. 2014. Journal of Animal Ecology DOI 10.1111/1365-2656.12256

[11] Vucetich JA et al. 2012. Behavioral Ecology and Sociobiology 66, DOI http://dx.doi.org/10.1007/s00265-011-1277-0; Zimmermann et al. 2014. Journal of Animal Ecology, DOI 10.1111/1365-2656.12280

[12] Extante sería antónimo de extinto; al parecer no ha llegado al español, y sería útil. Es habitual en inglés biológico (extant), y existe en francés y portugués.

[13] Räikkönen et al. 2013. PLoS ONE 8:e67218, DOI 10.1371/journal.pone.0067218

Otro lobo perece en un lazo colocado en el Sur de la dorsal gallega

El pasado 24 de agosto de 2014, en la Sierra do Suido y dentro del ayuntamiento de Fornelos de Montes (Pontevedra), se halló un lobo muerto en un lazo, artilugio ilegal tipificado como delito en el código penal.

El lazo estaba colocado entre la vegetación, en un paso de fauna utilizado por las distintas especies de animales salvajes que habitan la zona, y aprovechando un cierre para ganado que los animales salvajes tienen que sortear por lugares muchas veces evidentes.

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En el momento del hallazgo, el lobo debía llevar muerto entre mes y medio y dos meses y se encontraba en un avanzado estado de descomposición. No se pudo determinar el sexo ni la edad del animal, aunque por el tamaño de los restos podría tratarse de un macho joven o una hembra.

Se informó del asunto al Servicio de Medio ambiente de la Xunta de Galicia que desplazó a un Agente Medio ambiental al lugar para recoger los restos del animal y realizar un informe para dejar constancia del hecho. En las inmediaciones, tras una larga búsqueda sólo se pudo hallar otro lazo cercano al que había capturado al lobo. La zona está incluida en el territorio de un grupo familiar relativamente estable, en una zona de abundante ganado equino y vacuno.

 Procedimientos a seguir ante evidencias de delito.

Desgraciadamente, cada semana nos llega información sobre actividades furtivas que afectan al lobo. Sin embargo, casi nada podemos hacer si no se identifica a los culpables, o si los testigos o informadores no quieren involucrarse en la denuncia.

Tras el hallazgo o conocimiento de lazos, cepos, veneno u otro tipo de actuación ilegal (batidas sin permiso, tiroteo de un lobo sin autorización, etc.), se debería proceder de la siguiente manera:

1. No tocar los artilugios o evidencias encontradas, ni manipular la escena.

2. Contactar directamente con el SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, número de teléfono: 096). Adicionalmente, es conveniente informar al servicio responsable de Medio Ambiente de la Comunidad Autónoma correspondiente. Si se está en el campo y no se dispone de cobertura o dichos números, se debe llamar al 112 para dejar constancia de los hechos.

3. Facilitar la información de modo claro y conciso, y tomar fotografías que puedan servir de prueba sin alterar el lugar ni tocar los artilugios. En el caso de información sobre hechos ilegales, si se dispone de una prueba (fotografías) y otros datos como lugar, fecha y si es posible algún nombre, desde ASCEL podemos contactar con las autoridades asegurando el anonimato del informador, pero esto requiere su total confianza y disposición para apoyarnos en el procedimiento.

4. Una vez seguidos los pasos previos, desde ASCEL podemos verificar la apertura de diligencias y solicitar una investigación sobre los hechos asegurando el anonimato del informador.

5. Cruzar los dedos para que se encuentre al culpable, poder sentarlo como imputado ante un juez, y que la sentencia sea ejemplarizante.