¿A quién molesta ese científico lobero?

El título de esta entrada es una traducción más que libre del reportaje aparecido recientemente en el medio estadounidense The New York Times Magazine, titulado en el original Who’s Afraid of the Big Bad Wolf Scientist?

Lo divulgamos aquí tanto por su contenido, como por su calidad periodística. Sobre la segunda, destacar que mirando desde España sorprende el tratamiento exhaustivo, en el que se entrevista a todas las partes con una mirada crítica, y en el que se requiere y revisa la correspondencia entre los empleados públicos implicados. Sobre el primero, baste decir que el conocido investigador de grandes carnívoros Rob Wielgus ha perdido su trabajo en la Washington State University por publicar sus investigaciones, y defenderlas pública y notoriamente.

El origen de la disputa con los poderes fácticos de la industria cárnica y las administraciones es un artículo científico, publicado en la revista PLOS ONE, y titulado Effects of Wolf Mortality on Livestock Depredations (Efectos de la mortalidad de lobos sobre la depredación al ganado).

Esencialmente el artículo describe efectos contra-esperados en el contexto del “manejo de vida salvaje” americano: la muerte de lobos en descastes implicó mayor predación sobre ganado en años sucesivos, efecto que los autores achacaron a la debilitación de los grupos familiares. Nada muy sorprendente conociendo la biología de los lobos. Quizás no debería sorprender la encarnizada respuesta, conocido el escenario de grupos de presión, intereses ocultos, y corrupción (hay quién le llama “política” a ese conjunto; aquí nos resistimos).

Dada la extensión y profundidad del original, y lo turbio y complejo del asunto, no nos planteamos hacer aquí una reseña. Recomendamos encarecidamente la lectura del original. Conociendo maniobras como estas, quizás estemos más atentos cuando ocurran en España. Porque también ocurren.

¿Cuántas explotaciones ganaderas se protegen matando lobos?

Un articulo científico recientemente publicado estudia el uso de métodos letales como herramienta de gestión de lobos, en lugares donde hay predación sobre ganado; concretamente en Michigan (EE.UU.) entre 1998 y 2014.

Entre sus conclusiones principales destaca que matar lobos para prevenir daños a la cabaña ganadera no es efectivo. Este resultado ya no es sorprendente porque existen trabajos previos advirtiendo dicho patrón, pero el estudio añade que en el mejor de los escenarios la gestión letal – sacrificar lobos – puede llegar a librar de la predación temporalmente a una explotación o explotaciones en un área concreta, pero a costa de perjudicar a explotaciones colindantes. Ni siquiera el control de ejemplares de lobos sería por tanto gestión efectiva para evitar predación sobre ganado en un entorno socio-económico homogéneo, que incluya diversas explotaciones ganaderas.

El artículo referido se añade a las evidencias que desacreditan la gestión letal de lobos como medida de prevención de la predación sobre ganado. Estas prácticas de descaste son, junto a la caza reglada, utilizadas por las distintas administraciones autonómicas españolas sin evaluar su efectividad. Se diría que más que gestionar un supuesto problema se persiguen meros réditos electorales. Por todo ello, una gestión efectiva y adaptativa, legalmente validable en países europeos regidos por el Convenio de Berna y la Directiva Hábitats, debe pasar por priorizar la prevención como herramienta de gestión.

Interacciones entre grandes carnívoros: las tasas de predación de los lobos son menores en zonas con osos

Por Andrés Ordiz
Departamento de Ecología y Recursos Naturales
Norwegian University of Life Sciences, Noruega

Las interacciones entre especies son esenciales en ecología, pero aún sabemos poco sobre los efectos que estas interacciones tienen sobre la predación, es decir, sobre el mecanismo mediante el cual los grandes carnívoros desarrollan su papel en la naturaleza.

En un trabajo recién publicado [1], utilizamos datos recogidos durante 15 años en Escandinavia y en Yellowstone (EEUU) para analizar si la presencia de osos pardos cambia las tasas de predación de los lobos.

A pesar de que los osos utilizaron frecuentemente las presas matadas por los lobos, éstos no cazaron más a menudo para contrarrestar la pérdida de comida. De hecho, y en contra de lo inicialmente previsto, nuestros resultados sugieren que tanto en Escandinavia como en Yellowstone las tasas de predación de los lobos fueron menores en presencia de osos.

Una posible explicación es que los lobos intenten utilizar sus presas a pesar de la presencia de osos, esperando a que éstos se vayan, lo cual retrasaría su siguiente intento de predación. Los osos son también eficientes depredadores de crías de ungulados, tanto en Escandinavia como en Yellowstone. Por tanto, otra explicación, alternativa o complementaria a la anterior, es que a los lobos les puede costar más encontrar su siguiente presa en zonas con osos, especialmente en primavera, cuando ambas especies cazan crías de alces o ciervos recién nacidas. En un trabajo anterior [2], documentamos que los osos fueron uno de los factores implicados en el proceso de recolonización de los lobos en Escandinavia; los lobos ocuparon primero zonas sin osos, y sólo cuando la población de lobos fue aumentando acabó por expandirse en la zona con osos, tal vez por la alta frecuencia con la que éstos se alimentan de presas matadas por los lobos.

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Estos artículos recientes ilustran la complejidad de los sistemas naturales y nos recuerdan que nuestros conocimientos son todavía limitados. Una posible conclusión de nuestro trabajo es que el impacto total de la predación de lobos y osos sea menor que la suma de sus impactos por separado [1]. Por tanto, las interacciones entre lobos y osos podrían mitigar, y no al contrario, la influencia de estos predadores sobre las poblaciones de sus presas. Ignorar las interacciones entre grandes carnívoros puede, por una parte, infravalorar los posibles efectos para los propios lobos y osos, en este caso, y además puede llevar a sobreestimar el impacto total de múltiples predadores sobre las poblaciones de presas. Este tipo de consideraciones deberían tenerse en cuenta para gestionar de manera prudente las poblaciones de grandes carnívoros, que son de por sí escasas y que están sometidas a métodos de regulación natural que apenas empezamos a intuir.

[1] Tallian A, Ordiz A, Metz CM, Milleret C, Wikenros C, Smith DW, Stahler DR, Kindberg J, MacNulty DR, Wabakken P, Swenson JE, Sand H. 2017. Competition between apex predators? Brown bears decrease wolf kill rate on two continents. Proc. R. Soc. B 284: 20162368. Descargable aquí: http://dx.doi.org/10.1098/rspb.2016.2368

[2] Ordiz A, Milleret C, Kindberg J, Månsson J, Wabakken P, Swenson JE, Sand H. 2015. Wolves, people, and brown bears influence the expansion of the recolonizing wolf population in Scandinavia. Ecosphere 6, 284. Descargable aquí: http://dx.doi.org/10.1890/ES15-00243.1

El “control de poblaciones” se cuela en el nuevo plan del lobo en Italia

Parecería que conservar no es una estrategia suficientemente digna. Parece que los planes de “acción” no lo son si no incluyen reservas legales que permitan el “control de poblaciones”.

Sabemos que en España las administraciones buscan recovecos de la Directiva Hábitats para colar lobos muertos, ya sean como piezas de caza o como descastes. Sabíamos que Italia preparaba un nuevo plan de gestión de la especie, la cual se ha recuperado en territorio italiano y sirve de fuente a su vez para la recuperación de núcleos poblacionales al norte. Ahora sabemos que, a pesar de todo lo que hemos aprendido de la ciencia desde la redacción de la Directiva Hábitats en 1992, el nuevo plan italiano incluye la posibilidad de matar hasta el 5% del total de la población.

No sorprenderá saber que el plan italiano incluye los habituales clichés que decoran de racionalidad la cobardía de no afrontar cambios reales: los lobos se matarán “siempre y cuando no haya otras soluciones satisfactorias”,  “para evitar conflictos sociales o económicos”, etc.  El plan será nuevo, pero suena rancio.

La revista National Geographic en su edición italiana publica un reportaje sobre el nuevo plan y la polémica decisión de matar lobos. Incluye algunas consultas con conservacionistas e investigadores, entre ellos Carles Vilà, investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC). El artículo está en italiano, pero creemos que los traductores online automáticos (e.g. el navegador Google Chrome) hacen un buen trabajo facilitando la comprensión del mismo.

La caza no mejora la tolerancia hacia los cazados

La idea expresada en el título no es particularmente sorprendente desde el sentido común; no obstante, el sentido común no es estable, y debe ser contrastado por ciencia.

Una de las razones para promover “gestión cinegética” de lobos es que la oportunidad de cazarlos proporcionaría argumentos conservacionistas incluso a aquellos sectores sin sensibilidad o conocimientos previos. Algo así como “si podemos matar unos cuantos, protestaremos menos”. Y no pocos implicados en la gestión de los lobos abrazaron esa modalidad de conservación sonriente.

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Acaba de publicarse un artículo científico cuestionando esa idea, a partir de datos recogidos en Wisconsin (USA). No podemos proporcionar aquí acceso al artículo completo, aunque sí al extracto divulgativo elaborado por la institución a la que pertenecen algunos de los autores. En esencia, las primeras impresiones apuntan a que la tolerancia hacia los lobos disminuyó – especialmente entre cazadores – a pesar de existir la posibilidad de cazarlos. Es de esperar de todas formas que aparezcan estudios a más largo plazo y con mayor tamaño de muestra.

Los estudios sociológicos se consideran importantes en biología de la conservación desde la definición de la disciplina. Esos estudios serán los responsables de aclarar, de forma contrastable y repetible, qué efectos sociales podemos esperar de las medidas de gestión. Esperemos que vayan sustituyendo a las meras asunciones.

Los lobos ayudan a los osos a obtener bayas

No, no es que los lobos se acerquen a los osos grizzly amigablemente para ofrecerles una cesta de bayas, pero sí les están ayudando a hacerse con ellas de otra forma. Los investigadores han descubierto que la recuperación de los lobos en Norteamérica está reduciendo el número de ciervos, de tal modo que quedan más bayas disponibles para los osos grizzlies.

De acuerdo con un estudio publicado en Journal of Animal Ecology, desde la reintroducción de lobos en el Parque Nacional de Yellowstone, la proporción de bayas en los territorios de los osos grizzly también ha aumentado significativamente.

El grizzly consume algunas de las mismas plantas que las presas del lobo”, explica el autor del estudio, William Ripple. “La introducción de un depredador superior, está afectando potencialmente a otro depredador superior a través de la red trófica”.

Según Ripple y colaboradores, la eliminación de los lobos en la mayor parte de Norteamérica en la década de 1920 provocó un incremento desproporcionado del número de ciervos. El resultado fue la sobreexplotación de los arbustos productores de bayas, de las que también dependían los osos.

Los lobos fueron reintroducidos en Yellowstone en 1995, y desde entonces la población se ha recuperando poco a poco, también a otras partes de América del Norte, reduciendo la superpoblación de coyotes, alces y ciervos, y restaurando el ecosistema al punto en el que se hallaba hace 70 años.

Estamos en las primeras etapas de esta recuperación de los ecosistemas. Esto es lo que llamamos restauración pasiva”, afirma Ripple. “Ponemos al lobo de nuevo y dejamos que la Naturaleza siga su curso

Sin embargo, aunque los osos se pueden beneficiar de un mejor acceso al recurso alimenticio que representan las bayas, la reintroducción de lobos puede, por contra, conducir a un menor acceso a otro tipo de recurso alimenticio para los osos: los ciervos.

Los osos depredan ciervos, y el número de osos ha aumentado tres o cuatro veces durante el período posterior a la reintroducción del lobo”, declara Arthur Middleton, de la Universidad de Yale. El experto explicó que si bien los osos no ejercen una presión predadora tan fuerte como la de los lobos, las crías de ciervos son una importante fuente de alimento para ellos durante la primavera.

Los osos y los lobos, juntos, reducen el número de ciervos, y puede que a medida que el número de alces se ha reducido, los osos hayan incrementado la proporción de otros alimentos, como las bayas.” dice Middeleton, ofreciendo otra explicación para el repentino interés de los grizzlies en las bayas.

Los autores del estudio admiten que la complejidad del ecosistema de Yellowstone es tal que de ninguna manera se puede afirmar simplemente que “los lobos ayudan a los osos a obtener bayas”, pero entienden que, sin duda, es una de las facetas aisladas que puede ayudar a desarrollar una mejor comprensión global del mismo.

Fuente: Aquí

Esta traducción ha sido realizada por Loreto Castaedo.