¿A quién molesta ese científico lobero?

El título de esta entrada es una traducción más que libre del reportaje aparecido recientemente en el medio estadounidense The New York Times Magazine, titulado en el original Who’s Afraid of the Big Bad Wolf Scientist?

Lo divulgamos aquí tanto por su contenido, como por su calidad periodística. Sobre la segunda, destacar que mirando desde España sorprende el tratamiento exhaustivo, en el que se entrevista a todas las partes con una mirada crítica, y en el que se requiere y revisa la correspondencia entre los empleados públicos implicados. Sobre el primero, baste decir que el conocido investigador de grandes carnívoros Rob Wielgus ha perdido su trabajo en la Washington State University por publicar sus investigaciones, y defenderlas pública y notoriamente.

El origen de la disputa con los poderes fácticos de la industria cárnica y las administraciones es un artículo científico, publicado en la revista PLOS ONE, y titulado Effects of Wolf Mortality on Livestock Depredations (Efectos de la mortalidad de lobos sobre la depredación al ganado).

Esencialmente el artículo describe efectos contra-esperados en el contexto del “manejo de vida salvaje” americano: la muerte de lobos en descastes implicó mayor predación sobre ganado en años sucesivos, efecto que los autores achacaron a la debilitación de los grupos familiares. Nada muy sorprendente conociendo la biología de los lobos. Quizás no debería sorprender la encarnizada respuesta, conocido el escenario de grupos de presión, intereses ocultos, y corrupción (hay quién le llama “política” a ese conjunto; aquí nos resistimos).

Dada la extensión y profundidad del original, y lo turbio y complejo del asunto, no nos planteamos hacer aquí una reseña. Recomendamos encarecidamente la lectura del original. Conociendo maniobras como estas, quizás estemos más atentos cuando ocurran en España. Porque también ocurren.

Los lobos ayudan a los osos a obtener bayas

No, no es que los lobos se acerquen a los osos grizzly amigablemente para ofrecerles una cesta de bayas, pero sí les están ayudando a hacerse con ellas de otra forma. Los investigadores han descubierto que la recuperación de los lobos en Norteamérica está reduciendo el número de ciervos, de tal modo que quedan más bayas disponibles para los osos grizzlies.

De acuerdo con un estudio publicado en Journal of Animal Ecology, desde la reintroducción de lobos en el Parque Nacional de Yellowstone, la proporción de bayas en los territorios de los osos grizzly también ha aumentado significativamente.

El grizzly consume algunas de las mismas plantas que las presas del lobo”, explica el autor del estudio, William Ripple. “La introducción de un depredador superior, está afectando potencialmente a otro depredador superior a través de la red trófica”.

Según Ripple y colaboradores, la eliminación de los lobos en la mayor parte de Norteamérica en la década de 1920 provocó un incremento desproporcionado del número de ciervos. El resultado fue la sobreexplotación de los arbustos productores de bayas, de las que también dependían los osos.

Los lobos fueron reintroducidos en Yellowstone en 1995, y desde entonces la población se ha recuperando poco a poco, también a otras partes de América del Norte, reduciendo la superpoblación de coyotes, alces y ciervos, y restaurando el ecosistema al punto en el que se hallaba hace 70 años.

Estamos en las primeras etapas de esta recuperación de los ecosistemas. Esto es lo que llamamos restauración pasiva”, afirma Ripple. “Ponemos al lobo de nuevo y dejamos que la Naturaleza siga su curso

Sin embargo, aunque los osos se pueden beneficiar de un mejor acceso al recurso alimenticio que representan las bayas, la reintroducción de lobos puede, por contra, conducir a un menor acceso a otro tipo de recurso alimenticio para los osos: los ciervos.

Los osos depredan ciervos, y el número de osos ha aumentado tres o cuatro veces durante el período posterior a la reintroducción del lobo”, declara Arthur Middleton, de la Universidad de Yale. El experto explicó que si bien los osos no ejercen una presión predadora tan fuerte como la de los lobos, las crías de ciervos son una importante fuente de alimento para ellos durante la primavera.

Los osos y los lobos, juntos, reducen el número de ciervos, y puede que a medida que el número de alces se ha reducido, los osos hayan incrementado la proporción de otros alimentos, como las bayas.” dice Middeleton, ofreciendo otra explicación para el repentino interés de los grizzlies en las bayas.

Los autores del estudio admiten que la complejidad del ecosistema de Yellowstone es tal que de ninguna manera se puede afirmar simplemente que “los lobos ayudan a los osos a obtener bayas”, pero entienden que, sin duda, es una de las facetas aisladas que puede ayudar a desarrollar una mejor comprensión global del mismo.

Fuente: Aquí

Esta traducción ha sido realizada por Loreto Castaedo.

Artículo: Impactos derivados de la pérdida de un ejemplar reproductor

La muerte de hembras reproductoras amenazan la supervivencia de la manada pero no la de la población. Cuando un lobo reproductor muere, su sexo y el tamaño de la manada a la que pertenece puede determinar si esa manada saldrá adelante o no. Estas son las conclusiones de un reciente estudio publicado en la revista Journal of Animal Ecology.

En 2012, los biólogos del Parque nacional de Denali (Alaska) observaron una disminución en los avistamientos de lobo tras la muerte de una hembra reproductora. La investigación de Bridget Borg, bióloga de la Universidad de Alaska para el Servicio de Parques Nacionales giró en torno a los cambios en la manada, la reproducción y el crecimiento de la población a raíz de la muerte de ejemplares reproductores, los cuales constituyen el núcleo de la manada y tienen una importante función de cohesión social.

Bridget Borg y otros investigadores examinaron los datos recogidos de 70 manadas del Denali National Park. La muerte de un individuo reproductor coincidió con el 77% de los casos en los que ya no se encontraron manadas, pero su muerte no siempre conduce al final de éstas. En uno de cada tres casos en los que murió un lobo reproductor, la manada continuó.

El sexo del individuo reproductor y el tamaño de la manada antes de su pérdida son factores importantes. La probabilidad de que la manada continúe adelante es menor si la que muere es la hembra reproductora o si el tamaño de la manada era ya reducido antes de su muerte.

Las conclusiones que aportan los datos de la investigación también señalan que la muerte de un lobo reproductor tiene una mayor influencia en una manada si el lobo muere durante la temporada de celo o cría. Pero, sorprendentemente, las tasas más altas de mortalidad no corresponden a un menor crecimiento de la población. Ello sugiere que los lobos pueden compensar la pérdida de individuos reproductores de diversas formas, sustituyéndoles rápidamente por otros que ejerzan la misma función o con un mayor éxito reproductivo al año siguiente.

Por tanto, aunque la pérdida de reproductores puede ser importante a nivel local, parece tener poco efecto a nivel poblacional.

Para más información y acceso al artículo AQUÍ.

La fuente original AQUÍ ha sido traducida por Carmen Toribio (Mamen).

Referencia: Borg, B. L., Brainerd, S. M., Meier, T. J., Prugh, L. R. (2014), Impacts of breeder loss on social structure, reproduction and population growth in a social canid. Journal of Animal Ecology. doi: 10.1111/1365-2656.12256